La indeterminación de la realidad: ¿escepticismo o dogmatismo



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“EL ESCEPTICISMO ANTIGUO: PIRRÓN DE ELIS Y LA INDIFERENCIA COMO TERAPIA DE LA FILOSOFÍA”


INTRODUCCIÓN


Cualquier intento por aclarar o analizar un movimiento filosófico tan complejo como el escepticismo debe estar presidido por dos consideraciones previas: La primera, que es un hecho que el escepticismo filosófico existe1. La segunda, que es un problema que el escepticismo sea reconocido como doctrina filosófica; lo cierto es que ya en la antigüedad se dividían los que pensaban que era una escuela y los que no2. Por ello, es más difícil que en otros movimientos encontrarle un iniciador. Este aspecto nos lleva a considerarlo, razonablemente, más como una actividad que como una doctrina; en ese sentido, no puede ser una norma que obligue, sino más bien una capacidad de acción3.

Las consecuencias de esta afirmación son previas a cualquier intento de desvelar su significado; todo aquél que sigue este movimiento debe reconocer las propias deficiencias del mismo. Por eso, nadie puede dudar absolutamente, desde una posición indudable; para que un hombre dude tiene que juzgar de alguna forma mediante el razonamiento y declarar los motivos que le llevan a dudar de algo, dicho de otra forma, debe poner en duda hasta la propia duda que lo sustenta4.

El escepticismo griego, adhiriéndose a una analogía médica5, propone como cura radical purgar la vida humana de todo compromiso cognscitivo, de toda creencia. El escéptico por ser un amante de la humanidad, quiere curar en lo posible la arrogancia y el atrevimiento de los dogmáticos. Sexto no quiere convertir este movimiento en una secta con dogmas establecidos o con un iniciador-maestro, y reconoce que el escepticismo no es una escuela como las demás, sino una actitud, y por eso es absurdo atribuirle un iniciador. Dicho de otra forma, el escepticismo está intrínsecamente establecido en el acto de pensar, es decir, es una disposición y no una doctrina, por lo que reclamar una figura, sea la que sea, como maestro sería una contradicción. Sin embargo, y a pesar de mis palabras, ya en la antigüedad, Pirrón de Elis6 era ya reconocido como el que mejor encarnó el ideal escéptico por excelencia.¿Cómo podemos explicarlo?
1. -El ejemplo de la vida de pirrón como fórmula filosófica

El escepticismo filosófico se ha convertido en una de las más potentes tradiciones de la historia de la filosofía7. Los comienzos del escepticismo filosófico son singulares. No sólo se advierte en ellos un problema teórico de relevancia histórica, sino que su espléndida doctrina o, antidoctrina, culmina una poderosa tradición visible en parte del pensamiento presocrático. Además, se da la circunstancia que el escepticismo maduro asociado al pirronismo8 tuvo conciencia de estar incluido en tal tradición. Por ello, y a pesar de las dificultades singulares del movimiento, la mayoría de los escépticos consideraron a Pirrón de Elis como fundador de esta filosofía.

El pensamiento y la vida de Pirrón se presta a numerosos comentarios9. Dejando aparte los textos considerados menores hay que distinguir cuatro fuentes principales sobre el pirronismo. De un lado, Cicerón y Diógenes Laercio y, de otro, Timón de Fliunte (discípulo de Pirrón) y Sexto Empírico. Los dos primeros no se reconocen como pertenecientes al escepticismo, mientras que los segundos pertenecen a esta corriente del modo más radical.

Según Sexto, Timón fue el verdadero sucesor de Pirrón, el heredero de sus doctrinas filosóficas, es decir su portavoz10.Timón nació en Fliunte alrededor del 325 a.C. y murió en Atenas hacia el 235. Parece que siguió a su maestro casi en todo, pues como dice Diógenes Laercio no tomo a Pirrón como modelo en todas las cosas, pues no se resignó a la pobreza de éste, ni tampoco tuvo esa gravedad y dignidad que conquistaron a sus ciudadanos11.

Con Cicerón ocurre una cosa curiosa, de haber sobrevivido sólo los pasajes en los que el latino habla de Pirrón, nunca hubiésemos sospechado que fuera un escéptico. Ni una sola vez hace Cicerón referencia a la duda escéptica o a la suspensión del juicio con relación a Pirrón sino que ésta se la aplica a Arcesilao12. Este dato es curioso ya que Cicerón es el autor más cercano a Pirrón, la razón quizá proviene del hecho de que la tradición en la que sitúa Cicerón va a ser fundamentalmente académica y no une la doctrina de Pirrón a la de los creadores del escepticismo de la Academia platónica. Cuando Cicerón nombra en su textos a los pirrónicos reconoce su afinidad con otras escuelas13 como la de los erítreos o los megáricos y afirma que las teorías de Pirrón se habían perdido por falta de sucesores. Ciertamente, sólo a partir de Enesidemo14 se distingue claramente entre un auténtico escepticismo pirrónico y un escepticismo académico más atenuado al proceder de otra tradición15.

Sexto Empírico realiza hacia el 200 la primera gran síntesis del escepticismo como movimiento filosófico. La intención de Sexto en su exposición del escepticismo no es otra que la de reconstruir este movimiento desde sus más antiguos fundadores, a los que sensu stricto no podemos llamar escépticos. Sexto va a ir rastreando en la filosofía anterior a Pirrón que elementos filosóficos pueden ser caracterizados como principios escépticos que posteriormente han constituido el núcleo del escepticismo. Así, para Sexto, Pirrón pertenece a un grupo de autores que han conformado históricamente el escepticismo, y de todos ellos quien mejor ha encarnado los principios escépticos ha sido él16. Llama la atención el esfuerzo de Sexto por no reconocer un fundador de esta doctrina, ya que esto hubiese significado hacer de alguien el creador de unos dogmas que habrían pasado de maestro a discípulo, destruyendo par y pasu la doctrina misma escéptica. El escepticismo no es una doctrina sino una actitud17 y por eso es una contradicción atribuirle un único iniciador, un euretés. Pirrón, a juicio del Empírico, es el causante de un cambio crucial en el escepticismo: fue el primero que consiguió que la actitud escéptica se hiciese autónoma de cualquier concepción filosófica. Pirrón no es un maestro iniciador de un movimiento filosófico, encarna un nuevo uso de la filosofía que se preocupa no sólo de las afirmaciones de nuestro conocimiento, sino también de nuestras creencias, de la racionalidad de ellas y de su necesidad.

Pirrón no escribió nada18, y esta actitud no parece accidental, pues existen algunas razones que pueden justificar esta disposición intelectual19. Desde esta perspectiva, el ejemplo de su vida tiene más valor que sus teorías o doctrinas, lo cual parece que fue asumido por sus discípulos como una contribución filosófica. El interés por su vida está orientado por cuatro razones substanciales:


  • 1. Pirrón es el único de todos los escépticos antiguos al que los doxógrafos reconocen una vida original que puede ser denominada una vida sin creencias. Su actitud cotidiana está lejos de la expectativa de la vida convencional de todos los demás escépticos.




  • 2. Es evidente que la vida de Pirrón ejerció una gran influencia en el movimiento escéptico. Todos los doxógrafos parecen entender que el modelo pirroniano es, generalmente, asumido como paradigma escéptico a partir del cual Enesidemo hace surgir, cum sensu, la tradición escéptica.




  • 3. Pirrón no profesa ningún tipo de dogmas, ni crea una serie de enseñanzas como corpus de doctrina, aunque sí mantiene una determinada forma de pensar que servirá de patrón para vivir rectamente. Sólo en este sentido se puede afirmar que los pirrónicos sean una escuela y reconozcan a Pirrón como su modelo.




  • 4. El proyecto pirroniano asume como importante, no la aceptación de un tipo de filosofía, sino el vivir sin creencia que lleva razonablemente a la felicidad.

Mi hipótesis de partida es que este proyecto vital pirrónico está sustentado en una concepción filosófica profunda y consistente que algunas veces raya en cierto dogmatismo o nihilismo gnoseológico20 que hay que rastrear en la tradición filosófica en la que se encuentra y en los testimonios de sus discípulos. Dicho de otro modo, la idea que defiendo es que si bien existe una conexión claramente verificada entre la filosofía anterior y Pirrón, y que la comunidad de problemas que trata no son diferentes de los desarrollados por la filosofía prehelenística21, la vida de Pirrón ofrece episodios que van más allá de una mera caracterización filosófica y reconocen la grandeza de un personaje olvidado por la historia.


2. -El estudio de la naturaleza como punto de partida.

El más exacto resumen del pensamiento de Pirrón sobre el estudio de la realidad y el mundo, es un texto de una de las obras en prosa de Timón. Este fragmento, contenido en un pasaje de Aristocles (un aristotélico) que es recogido por Eusebio de Cesárea tiene el siguiente título: "Contra aquellos que seguían a Pirrón, llamados escépticos o "efécticos", que afirman que nada es aprehensible"22.

El relevante texto comienza, en primer lugar, con un problema gnoseológico: "Es necesario primero de todo indagar sobre nuestro conocimiento, puesto que si por naturaleza no conocemos nada, de nada vale investigar sobre lo demás"23. Esta declaración, que se encuentra al comienzo del pasaje, es problemática: no queda claro si se refiere directamente a Pirrón o es del propio Aristocles. La importancia de esta reflexión viene determinada por la afirmación posterior. Aristocles indica que hubo entre los antiguos algunos que apoyaron esta máxima y fueron replicados por Aristóteles24; y que Pirrón de Elis lo dijo con especial énfasis, confirmando, supuestamente, que Pirrón defendió también esta sentencia. Esta mención, no obstante, creo que debe ser matizada: una cosa es lo que diga Aristocles y otra muy distinta lo que pensara Pirrón. En rigor, esta frase no puede ser aplicada a Pirrón25, puesto que no dejó nada escrito; además, esta afirmación de Aristocles "tal cual" no hubiese sido sostenida por el de Elis, pues es una declaración dogmática demasiado evidente.

Después de la introducción, Aristocles transmite la noticia de que Pirrón no dejó nada escrito y determina los contenidos posteriores con una cita: “Su discípulo Timón dice...”; a partir de ahora no hay duda de la filiación de la información. La primera cuestión que debemos resolver en el texto es su calificación "prima facie", como pasaje ético o gnoseológico. Es evidente, que comienza con un problema referido a la felicidad, pero tiende inmediatamente hacia un dilema que tiene que ver con el conocimiento. Para ser feliz -dice Timón- hay que tener en cuenta lo siguiente: primero, atender a cómo son por naturaleza las cosas; segundo, qué actitud tomamos ante ellas y tercero, cuáles son las consecuencias a los que se comporten así”26. Este planteamiento, como podemos observar, tiene una intención predominantemente ética: el resultado de los principios pirrónicos es la adquisición de la tranquilidad de ánimo, imperturbabilidad o ataraxía. La cuestión puede plantearse de la siguiente manera: la conquista de la ataraxía tiene irremediablemente que empezar por la pregunta de cómo es la realidad y si ésta puede ser determinada y conocida. Por tanto, es el amor a la sabiduría, la necesidad de conocer, lo prioritario y lo único que puede llevarnos a la felicidad.

El hombre que quiera ser feliz tiene que preguntarse primero ¿cómo son por naturaleza las cosas? Esta cuestión no era original de Pirrón, al contrario: era la cuestión básica en la filosofía griega. A esta pregunta Pirrón contesta, según el pasaje de Timón, "que las cosas eran igualmente indeterminadas, sin estabilidad e indiscernibles". Por tanto, cualquier discurso sobre ellas es un discurso indeterminado a su vez, al tener que referirse a las cosas mismas indeterminadas. Si bien, la frase misma dejada por Timón se resolvería en cierto nihilismo gnoseológico ya reconocido con anterioridad (Bailey, 2004), nosotros apuntamos que Pirrón no apunta esencialmente ni a una ciencia empírica, ni a una filosofía de la naturaleza, ni a una metafísica dogmática, sino más bien a una propuesta ética que es llegar a través de la filosofía a una vida feliz sin creencias.

El punto de partida es evidentemente ontológico pues la indeterminación o incognoscibilidad de las cosas, es decir su propia inestabilidad como característica natural, impide que las sensaciones que tenemos de ellas o los juicios que emitimos sobre ellas sean verdaderos o falsos. Existe, pues, un cierto dogmatismo-nihilismo ontológico en la caracterización de la realidad. Esta eliminación de la realidad como tema del discurso es una idea indudablemente dogmática. Una reducción muy simple de esta imagen la encontramos en el escoliasta de Luciano cuando en un pasaje comenta que el propio Pirrón tenía como objetivo eliminar toda la realidad27. ¿Qué significa eliminar toda la realidad? Es evidente que el escoliasta atribuye una actitud dogmática a Pirrón, posiblemente atraído por la indeterminación a la que el de Elis somete a la realidad28. En su descargo podemos afirmar que esta renuncia no es a priori, sino que a ella se llega después de reflexionar sobre las cosas mismas: reflexión que intenta liberarnos de la servidumbre de las opiniones y de las creencias en el plano del conocimiento. No es que yo acierte a calificar el mundo como indeterminado (como afirmaba Sedley), sino que la indeterminación del mundo me impide conocerlo, por lo que tengo que suspender mi juicio.

Por tanto, no debemos poner nuestra confianza en las cosas, sino estar sin opiniones, sin prejuicios, de modo impasible, diciendo acerca de cada una de ellas, con la declaración escéptica por excelencia:

1. Que no más es que no es (o(/ti ou) ma=llon e)/stin h)\ ou)k e)/stin).

2. O bien que es y no es [al mismo tiempo] (h)\ kai\ e)/sti kai\ ou)k e)/stin) .

3. O bien ni es ni no es (h)\ ou)/te e)/stin ou)/te ou)k e)/stin).

La fórmula ou mâllon, “no más (es que no es)”, es básicamente una fórmula escéptica: es un lugar común en los textos escépticos y ciertamente usada en los escritos de Timón. Por los antecedentes de que disponemos puede tener un fuerte precursor en Demócrito29, ya que según el atomismo, la realidad que percibimos no es la verdadera realidad, si la miel, pongamos por caso, no es la verdadera realidad, ni su sabor tampoco, pues sólo es por naturaleza átomos y vacío, el siguiente paso será pensar que no podemos afirmar ni que ésta sea dulce ni que sea amarga o que sea dulce o que no lo sea, pues esto depende de las circunstancias y de los propios estados del individuo al recibir los impactos de los átomos. Así pues, podríamos decir que Demócrito, condicionado por la aceptación de la realidad (átomos y vacío), descubre cierta imposibilidad de dotar de coherencia a lo que aparece frente a lo que es, que sí la tiene.

Para Demócrito, por tanto, el conocimiento de la realidad sólo se puede obtener a través de la razón, al ser la única posibilidad de acceso a los átomos y al vacío; mientras que para Pirrón de Elis la desconfianza en los sentidos le lleva a desconfiar también de la razón y, por consiguiente, al ou mâllon, en sentido suspensivo30.

Esta indiferenciación sustenta la teoría pirroniana de la acción. Con posterioridad esta posición determina la consideración del escéptico que debe actuar, de una forma u otra, no puede quedar inactivo, y continúa su búsqueda, su investigación. Aquí no hay un programa eficaz de investigación, sino una obligada necesidad ante la imposibilidad de cumplir el objetivo definitivamente, en este sentido debe continuar mirando “a las cosas” como cuestión abierta, no por método exclusivamente (como hará con posterioridad Descartes), sino porque las mismas cosas y el conocimiento no se puede cerrar. Es el ejemplo más claro de la aceptación de una dialéctica infinitista y abierta.

Los escépticos posteriores y sobre todo Sexto, podrán resolver técnicamente este dilema con el reconocimiento de lo que aparece, el fenómeno. La importancia general de este fragmento de Timón es evidente porque revela qué fundamento utilizaron los escépticos para poder tomar la vida como guía y criterio, y evidencia cuáles fueron los desarrollos de la posición genuina de Pirrón31. Así, puesto que las cosas son indiferenciadas, la elección se torna imposible, puesto que la igualdad de razones para preferir «a» o «b» radica en la interioridad del sujeto que le impide traducir su actitud en alguna acción, ya sea, desde un punto exterior, consecuente o ya sea extravagante32. A partir de aquí la crítica de los dogmáticos va dirigida contra la imposibilidad de actuación. La respuesta técnica y organizada de los escépticos será hablar del "fenómeno" como criterio de existencia, como criterio empírico, al menos en lo que corresponde al primer nivel proposicional de la existencia real. En el caso de Pirrón y esto es lo interesante las consecuencias de la teoría le llevan a un comportamiento vital novedoso y difícil de asumir, pero que causó un impacto tan sorprendente en sus sucesores que reconocieron su originalidad (yo diría en toda la historia de la filosofía).


3. -La imperturbabilidad de carácter, requisito para ser feliz

Lo interesante de esta argumentación, cargada con toda la tradición filosófica anterior, es que tiene como consecuencia el abandono, de una actitud excesivamente teórica frente a la naturaleza de las cosas, la renuncia de la filosofía especulativa, incompatible con la tranquilidad de ánimo, y la aceptación de la orientación práctica como exigencia esencial de cualquier reflexión escéptica posterior33.

Por eso, no es raro que Pirrón sienta cierta repulsa por la especulación a la que había llegado la filosofía, ya que ninguna de las teorías que conoce es capaz de resolver los problemas del individuo, por lo que poco a poco tiende más a una actitud práctica de la vida que a una actitud teórica. Este recorrido nos acerca a la concepción de la disposición pirrónica ético-intelectual, a partir de la cual se va a desarrollar la escéptica como movimiento34. La duda pirrónica interviene también en el campo de las opiniones, de ahí que Pirrón renuncie a ellas por razón de su aspiración a la ataraxía: si aspiramos a la paz del espíritu no podemos dejarnos atrapar en el torbellino de las discusiones filosóficas. Pirrón no desea, pues, mezclarse en una serie inacabable de disputas (propias de un escepticismo posterior más batallador) sino que introduce cierta incomprensibilidad e irresolución en las cosas que le lleva a un estado de tranquilidad interior y a encarnar el ideal del sabio escéptico.

Estamos ante un tipo de hombre completamente nuevo en la antigüedad, caracterizado por una ruptura fundamental con la realidad que se impone sin discusión, lo cual le lleva a un modo de vida “revolucionario”, sin creencias, reconocido y admirado por los filósofos de su entorno35. Hasta qué punto esa ruptura determinaba su carácter escéptico lo reconocemos en un testimonio de Antígono de Caristo según el cual, existía un perfecto paralelismo entre su pensamiento y su comportamiento en la vida, no tomaba excesivas precauciones ante las cosas, y no reconocía nada a priori a los sentidos, haciendo frente a todo a carros, precipicios y perros; hasta tal punto llegaba su indiferencia que los amigos que lo acompañaban le salvaban de cualquier peligro que no advirtiese36.

Esta noticia es reveladora del singular carácter de Pirrón. En primer lugar, no sabemos si hay que entenderla en sentido literal o más bien en sentido metafórico. Cuesta creer que Pirrón fuese tan poco sensato que practicando la indiferencia, no se cuidase de nada, llegando hasta el extremo de ser atropellado por carros, mordido por perros o caer en precipicios profundos, y que dejase la tarea de la salvación de su cuerpo a los amigos que lo acompañaban y lo escuchaban. Si esta actitud hubiese sido normal en Pirrón nos costaría creer que hubiese llegado a los noventa años de edad, como dice Diógenes Laercio, y hubiese llevado una vida normal. Frede37 observa que esta noticia debe ser entendida como una crítica caricaturizada de la idea insensata de llevar hasta el extremo el ejemplo radical de una vida sin creencia.

Sin embargo, existe otra posibilidad, la de interpretar estos hechos –tal como mantiene Conche- como anécdotas prácticas con las que ejemplifica sus discursos un Pirrón educador38. Así, estaríamos asistiendo a una clara representación dramática de carácter pedagógico ante sus alumnos en las múltiples lecciones de filosofía que Pirrón ofrecía. De este modo se comprende que aquellos que lo acompañaban y escuchaban asistían a la demostración práctica de las teorías pirrónicas y reaccionaban con los ejemplos que mostraba. Estaríamos, pues, ante una lección pública teatralizada ante sus alumnos, y si éstos malvadamente lo hubiesen dejado avanzar hacia el precipicio39 sin deternerlo, estamos seguros que Pirrón se habría detenido, llegado el momento, sin su ayuda antes de llevar hasta el absurdo (o la muerte) sus propias propuestas.

En este mismo sentido, puede ser entendido otro pasaje de Diógenes Laercio. En este caso, la lección de Pirrón tendría supuestamente como referencia la indiferencia. Esta vez Anaxarco sirve de ejemplo pues cae en un cenagal y Pirrón "supuestamente" pasa de largo no haciendo caso de sus peticiones de auxilio. Este acto es, evidentemente, criticado por los que lo conocen, pero el propio Anaxarco elogia la indiferencia e inperturbabilidad de Pirrón, características que eran necesarias para el sabio40. También podemos entender en este caso que la anécdota no puede ser entendida al pie de la letra; posiblemente el carácter de lección pedagógica se sobrepone a la noticia, y la parodia no tiene un verdadero carácter real sino más bien simulado. En este caso sería Pirrón el discípulo a instancias de Anaxarco, que sabemos fue su maestro, y encontró en la indiferencia una forma de vida y fortaleza ética inigualable, resistiendo la tortura o el dolor físico llegado el caso ante los tiranos41.

Por consiguiente, estos textos no pueden ser presentados aisladamente, ya que corremos el riesgo de no entenderlos en su complejidad, realizando, al final, una interpretación más de la situación simulada que de la idea que la sustenta; y, por la misma razón, hay que ponerlos en relación con otros que aportan algún dato explicativo sobre la actitud que tenía Pirrón ante las cosas42; que no podía ser ni de aceptación ni de negación, pues la información que tenemos de la realidad no es suficiente para su conocimiento. Esta interpretación tiene además otra fundamental confirmación y es el papel que, como sabemos, jugó el filósofo en la comunidad de Elis. Es cierto que Pirrón no creó una escuela al estilo de la Academia o del Liceo, ni en el sentido más elástico de las escuelas socráticas menores, sino que aportó un "rol" educativo propio de una figura pública de primera magnitud, que la ciudad reconoció atribuyéndole honores particulares43.

Esta actitud de Pirrón, que traduce una extraordinaria concordancia entre su vida práctica y los elementos teóricos que la presiden, se puede observar también en algún texto que transmite Enesidemo44, quien observa que Pirrón se proponía mejorar al hombre, su filosofía era más un modo de vivir que de pensar y así declara este texto que aunque utiliza la teoría de la suspensión del juicio, sin embargo sus acciones no le llevaban a comportarse de manera irracional, imprevisible o sin precaución. Hay en este texto una distinción fundamental entre “filosofar” y “vivir cotidianamente” que enmarca la actitud pirrónica. Estamos ante un filósofo que entrevera criterios teóricos y actitud práctica; los unos le preparan y le orientan hacia la otra que es su fin45. Para Pirrón es insuficiente atender sólo al campo teórico-filosófico, una teoría sin praxis vital era algo impensable para la mayoría de los griegos que no juzgaban a la filosofía por lo que ella decía, actitud que ha caracterizado a casi toda la filosfía desde la edad media hasta la edad contemporánea, sino por lo que ella es46, nadie puede vivir de manera diferente de cómo piensa, por eso una filosofía que no pueda ser probada en la vida no sirve.

Es evidente que, se resuelvan estos textos en un sentido u otro, cualquier interpretación se opone a la imagen de Pirrón como un individuo que no toma interés por nada ni siquiera por su propia vida. Así pues, la indiferencia e impasibilidad que demuestra Pirrón apuntan no a la inexistencia de una preocupación por el conocimiento, sino más bien a que la vida pacífica que mantiene está anclada en una teoría explícita y bien delimitada47. Por tanto, Pirrón era citado como modelo de adiaforía, de indiferencia escéptica diferente de la estoica-cínica, es decir sin actitud provocativa y polémica, encarnaba más bien la imagen de un sabio sin necesidades e indiferente, que mantiene por encima de todo la tranquilidad de ánimo48. La cuestión funadmanental que veremos posteriormente es si es posible una actitud tan indiferente, tan extrema sin creencias.

De cualquier forma, y como conclusión parcial, estos textos manifiestan en Pirrón un decisivo interés por todas las cuestiones teóricas: la imperturbabilidad e indiferencia no son elementos apriorísticos aceptados como punto de partida de su filosofía, sino que brotan en él debido, principalmente, a que la indeterminación de las cosas impide una total explicación de la realidad por parte del hombre. Así, esa tranquilidad que reivindica Pirrón se complementa con un afán educador que justifica esa relación entre teoría y praxis que nosotros venimos manteniendo. Dicho de otro modo, estos textos nos transmiten una imagen bastante rica de Pirrón, donde la preocupación por conocer tiene como paralelo la indiferencia ante la indeterminación de las cosas del mundo.




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