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Dentro de ese marco, es de suma importante reproducir la experiencia vivida por Allerbon en La Cuadra de La Perla, cuando se produjo el movimiento sísmico de 1977. Sobre el particular, la ex detenida dijo: “…en la cuadra siempre estábamos acostados y encapuchados, recuerdo cuando fue el terremoto, yo me asusto, saco la capucha instintivamente y me siento y puedo ver durante unos segundos como era la cuadra, todas estaban encapuchadas había unos tabiques y detrás unos colchones, el techo de la cuadra era de cemento armado, haciendo zigzag…me apuntan de lejos y me dicen que me acueste o me disparan, aunque yo dije que había un terremoto, me dijeron que me acueste lo mismo o me disparaban. De esas cincuenta personas no pude enterarme de sus identidades, salvo de mis compañeras y de la gente que vi en el baño, estábamos muy controlados, constantemente se paseaban con perros entre las colchonetas, constantemente nos hacían comentarios que nos desalentaban, por ejemplo nos veían en posición fetal y nos decían que teníamos miedo y comentarios así. Era difícil hablar entre nosotros, yo estaba cerca de Kremer y sin embrago poco podía intercambiar palabras con él. El era Judío y recibía el triple de golpes y patadas que yo por su condición de judío, recuerdo que si a mi me llevaban caminando a la sala de torturas, a él lo llevaban rodado por el piso a los golpes y patadas…”

Por su parte, Teresa Meschiatti (v.fs. 299/313), ratifica que la Tercera Sección del Destacamento 141, la de Operaciones Especiales, funcionaba en el campo de concentración “La Perla” y, además de otras tareas, era la que realizaba los secuestros. Una vez que los secuestrados llegaban a La Perla, lo primordial era sacarles información, primero “ablandándolos” mediante golpes de puño, palos, patadas, amenazas y gritos para luego ser llevados a la Sala de Torturas en donde la tortura física principal consistía en la aplicación de corriente eléctrica (de 110 a 220 voltios), quemaduras en la piel con cigarrillos, el “submarino” y el “submarino seco” (bolsa de plástico en la cabeza para asfixiarlos).

También, a fs. 315/347, Piero Di Monte (al igual que los otros testigos) nombra a todos los militares y civiles que operaban en La Perla, para después puntualizar los “sectores” que comprendía el Destacamento de inteligencia 141. Y así, al referirse al Sector 3 o “Sección de operaciones especiales” (en sigla se llamaba “O.P.3”) afirmó “… es el grupo responsable de las “Operaciones Especiales” para lo cual disponían del campo de concentración La Perla…” y “... este Grupo fue el responsable directo de allanamientos, asesinatos, secuestros, torturas, incendios, colocación de bombas, intimidaciones, amenazas, etc…”. También explicó el fin fundamental de la estructura (búsqueda de información) y el método inhumano para alcanzar ese objetivo puesto que “…El prisionero pasó a ser una cosa con algo muy valioso en su interior: “información operativa” y ella debía ser extraída con las torturas atroces…”. Continuando con su relato, el ex detenido también agregó que “…las personas secuestradas fueron conducidos al campo de detención clandestino y ahí eran sometidos a un proceso de tortura e interrogatorio. Los operativos se realizaban a partir de la información proveniente de los interrogatorios y de la Central de Inteligencia…”.

Sobre este aspecto, no puede desatenderse lo plasmado en el Memorando de la Policía Federal Argentina de fecha 12 de Mayo de 1976. En esta “Reunión de Comunidad Informativa” realizada en el Comando de la IV Brigada de Infantería Aerotransportada (La Calera), entre representantes del Servicio de Inteligencia Aeronáutica (S.I.A), el Jefe de Inteligencia Agrupación Escuela de Aviación, el Titular de la Secretaría de Informaciones del Estado (S.I.D.E), el Jefe del Departamento de Informaciones Policiales (D2) de la Policía de la Provincia de Córdoba, el Titular del Departamento de Inteligencia del Tercer Cuerpo de Ejercito, el 3er. Jefe por la Policía Federal Argentina y presidida por el General Juan Bautista Sasiaiñ, se anunció, entre otras cosas, “…la próxima distribución entre los organismos de la comunidad, de un esquema orgánico en el que se asignen de zonas de interés y zonas de responsabilidad a los efectos de evitar la dispersión de esfuerzos y encauzar adecuadamente la dirección de la lucha contra la subversión en el área 311…”. A reglón seguido, el suscriptor del Memorando consigna: “…por especial indicación del Sr. Comandante del Tercer Cuerpo de Ejército (Luciano Benjamín Menéndez), se trató el tema de actualización de los domicilios del personal de las fábricas, dado que en la mayoría de los casos no están actualizados y lógicamente en el caso de los activistas se suministra un domicilio que no es el verdadero…”(el subrayado me pertenece).

También, en el Legajo Militar correspondiente a Ernesto Guillermo Barreiro obra una nota de fecha 6 de Noviembre de 1976 que se encuentra suscripta por el Capitán Luis Gustavo Diedrichs – Jefe de la 1’ Sección Ejecución -y dirijida al Jefe del Destacamento de Inteligencia 141 “Gral Iribarren”. Luego de destacarse el accionar del personal perteneciente al grupo Operaciones Especiales (O.P. 3) en la “lucha contra la subversión” destacando, a su vez, que las acciones realizadas por esta sección son encubiertas, sin registro alguno, fruto de largas investigaciones, del interrogatorio perfectamente realizado, apartadas del convencionalismo de las operaciones militares regulares, Diedrichs solicita a su superioridad, que se otorgue al personal de aquel grupo – Tenientes 1ro. Acosta, González, Barreiro y a los Sargentos Vega, Manzanelli, Herrera y Díaz - un reconocimiento honorífico –medalla al heróico valor en combate-(v.fs.992/993).

En este mismo Legajo se encuentra una nota de fecha 30 de Abril de 1977 en donde el Teniente 1ro.· Ernesto Guillermo Barreiro, le requiere al Comandante en Jefe del Ejército que reconsidere la calificación que le fuera impuesta a fines de 1976. Por esto, Barreiro destaca su desempeño desde enero de ese año y hasta abril de 1977 en la sección Operaciones Especiales creada en virtud de las características que tomaba la lucha contra la subversión. Con relación a dicha sección, Barreiro manifiesta que sus actividades se desarrollaron dentro del marco de las “operaciones contra elementos subversivos” (RC 9-1

Reglamento de carácter reservado experimental), tratándose de una “…forma de lucha totalmente novedosa para nuestra doctrina, educación e instrucción…” que incluye distintos tipos de actividades, tales como “operaciones propiamente dichas, interrogatorios e investigaciones”, aclarando que, entre las primeras se desarrollaron “allanamientos, emboscadas y patrullajes, dentro del peculiar marco de las operaciones contra irregulares”. También relata que entre marzo a diciembre de 1976 participo en “697 operativos”, dice que inicio la operación donde se aniquilo a la secretaría política de montoneros y reflexiona sobre las tareas de la primera sección ejecución, manifestando que orienta la búsqueda de información, lleva los diversos factores generales (políticos, religiosos, economicos subversivo, gremial, estudiantil etc.) asesora al jefe de la unidad, es el nervio y motor de toda la unidad, conduce la fración y orienta al resto de la unidad. (v.fs.994/995 vta.).

En cuanto a los métodos utilizados a tales fines, a fs. 794/7 de autos obra glosado un apunte RC 16-1 con el título “Inteligencia Táctica” que fuera incautado en el domicilio de Luis Alberto Manzanelli en oportunidad de que V.S, a solicitud de quien suscribe, realice un allanamiento en el domicilio de este. En su primer capítulo enseña “los procedimientos utilizados pueden ser abiertos o subrepticios. Son abiertos aquellos cuyo ocultamiento o disimulo no es imprescindiblemente necesario. Son subrepticios, aquellos ocultos o disimulados y se agrupan en “actividades especiales de inteligencia” que incluyen 1) Actividades Sicológicas Secretas: procedimientos subrepticios de acción sicológica, con la finalidad de lograr efecto o motivación que coadyuve al logro de los propios objetivos y, a su vez, perturbe el desarrollo de las actividades del enemigo u oponente, 2) Operaciones Especiales: procedimientos subrepticios de distinta naturaleza que se desarrollan en el marco de operaciones convencionales y no convencionales y/o operaciones contra la subversión y cuya finalidad es la de dificultar el ejercicio de la conducción por parte de los niveles responsables del enemigo u oponente. Normalmente utiliza técnicas diferentes de las que se emplean en el resto de las actividades especiales de inteligencia y contrainteligencia, 3) Espionaje y 4) Sabotaje.



Como se ve, la mecánica para “aniquilar la subversión”, consistió en obtener la información, utilizarla para localizar, por medio de operativos armados e ilegales, a personas y materiales para luego extraer de estas –en el menor tiempo posible- nuevos datos que dieran pie a nuevos operativos; desarrollándose así una actividad compleja cuyo elemento dinamizador fue la tortura sobre quienes estaban en condición “prisioneros subversivos”. En otras palabras, para el personal represivo el prisionero era un objeto, una cosa, un número, pero con un elemento valiosísimo en su interior, es decir “información operativa”.

Esta tenebrosa actividad cíclica se ve arduamente explicitada en una especie de pequeño manual titulado “Contrainsurgencia a partir del accionar del Partido Revolucionario Montoneros” el cual fue incautado en ocasión de realizarse un allanamiento en la Delegación Córdoba de la Secretaría de Inteligencia del Estado (S.I.D.E). Su escalofriante contenido, seguramente aplicable a toda expresión política, religiosa, económica, social y cultural diferente a la pregonada por los practicantes del “Terrorismo de Estado Argentino”, transita desde la enunciación de los objetivos de la contrainsurgencia hasta una especie de felicitación a Córdoba por la efectividad de su accionar contrinsurgente. En efecto, y luego de hacer referencia a los recaudos que se deben tener en cuenta para la realización de controles callejeros, el instrumento referido indica que el “Lancheo” cuyo significado en la jerga represiva se daba al recorrido de la ciudad por los captores con sus víctimas para identificar, en la vía pública, a otros miembros de su grupo político – es un método peligroso “…con posibilidades de costos políticos y bajas de personal…” pero altamente efectivo en lo que hace a la detención del militante y el control territorial. Reza: “… Requiere, imaginación, colaboradores de gran confianza, clandestinidad…” y luego expone el “aspecto normal” de los autos que se debe utilizar (Fiat 128, Peugeot 504, Renault 12 evitando los Torinos), su periódica renovación, el número de ocupantes del rodado (nunca mas de 4, lo óptimo es 3), la no ostentación de armas y la “caracterización” de los secuestradores y del que “marca” para no ser reconocido por el militante a aprehender en la vía pública. También, y sobre el “que hacer” cuando el militante ya ha sido detenido, el instructivo indica “…la caída del militante es el objetivo primordial de la contrainsurgencia y más aún si se lo logra detener vivo. Una vez conseguido esto, el logro de su colaboración permite la caída de otros militantes, de infraestructura y la posibilidad de una colaboración de índole estratégica. Así es que todo accionar referido a la caída del militante, debe apuntar a estos objetivos. Un aspecto fundamental referido a la validez de la colaboración, esta dado por el tiempo en que se logra esta…”. Seguidamente, se diferencian tres momentos o tiempos y se individualiza la información a extraer en cada uno de ellos. En el “primer tiempo”, es decir “…el lapso que va desde la detención y hasta el logro de información que permita una rápida caída en cadena y que el militante debe conocer necesariamente…”, la información a pedir es “…el domicilio propio preguntando sobre otros habitantes, nivel de los mismos, posibilidades de defensa, plan de fuga, embute…” y “…citas: (tener en cuenta que todo militante tiene por lo menos una todos los días)...”. Ahí el instrumento explica que se debe investigar e indagar con quién es la cita, si es con un responsable o con un subordinado, mecanismos de la cita, actuaciones previstas para emergencias, contraseñas utilizadas, etc., aclarando que “…es fundamental que el detenido que marcó la cita, deba ir a señalar a los otros militantes. Como esta situación se produce en el primer tiempo del interrogatorio, es lógico que no exista confianza en el detenido, por lo que es mejor llevar también un colaborador de confianza que conozca a los posibles militantes que estarán en la cita…” y “…con respecto a la duración de éste primer tiempo del interrogatorio, no debe ser MAYOR DE TRES HORAS, desde el momento en que el militante es detenido…”. En el segundo tiempo, “…luego de consignada la información de interés inmediata, que de alguna manera es la que permite comprobar la veracidad de los dichos por el detenido, se debe entrar en la obtención otros datos que, si bien son de interés, no necesariamente debe conocer el militante. Para no gastar esfuerzo y tiempo, se debe preguntar: nivel organizativo (da la idea de lo que puede conocer el detenido), otros domicilios de militantes o de infraestructura de la organización, nombres legales de militantes y lugares de trabajo de los mismos, operaciones en las que participó y diseño de las mismas, estructura organizativa y otros datos que puedan ser puntas para la investigación futura…la confección y tenencia de un organigrama, completo y al día, permite que en el momento de la caída del militante, se le puede demostrar a este que se lo conoce y se lo tiene ubicado en su nivel y función. Esto “descoloca” al detenido y facilita el quiebre rápido del mismo…” Además esto permite “…un interrogatorio dirigido…redundará en efectividad y rapidez lo que aporta entonces a cumplir con los plazos de 1’ tiempo de interrogatorio y por lo tanto lograr nuevos blancos…” (más detenciones). Ahora bien, en el tercer tiempo o “política de colaboración” textualmente se indica “…la interrogación con métodos no ortodoxos es desde ya, en función de la rapidez con que debe cumplirse el 1º tiempo, necesaria e imprescindible, pero se hace mucho mas eficaz si se acompaña de toda una ambientación en función del quiebre…” y “…el militante detenido tiene dos alternativas, o colaborar en forma plena (lo que lo convierte, a través del tiempo en una persona de suma confianza) o no siendo así pasa a sufrir las consecuencias de los términos en que el PRM obliga a plantear esta guerra…”. También a fs. 1009 de autos el documento reza “…El éxito de la contrainsurgencia en algunos lugares del país, en especial Córdoba, dependió en gran medida, no solo al accionar operativo de las Fuerzas de Seguridad, sino también que estas vislumbraron la efectividad que se obtenía a través del hecho de lograr, a través de toda una política, colaboradores de gran confianza que aportaran en la medida de sus posibilidades al accionar contrinsurgente…”.

La construcción literaria antes expuesta, lleva a la suscripta a concluir que cada una de sus líneas fueron escritas luego de un “estudio experiental” basado, casi con exclusividad, en los “metodos no ortodoxos” (manera sutil de referenciar a los tormentos) practicados en “La Universidad” de la tortura humana en Córdoba y cuyos instrumento, junto a otros allí detenidos, fueron Brandalisis, Palacios, Lajas y Cardozo los que, con seguridad, no pudieron pasar alguna de las barreras consagradas en “los tres momentos” mencionados ut-supra. Producido esto, y conforme lo marcó su “moral de combate”, los procesados en autos, simulando un enfrentamiento armado, acribillaron a las víctimas es decir, las ejecutaron.

En efecto, esta acreditado que a la madrugada del día 15 de diciembre de 1977, Horacio Humberto Brandalisis, Carlos Enrique Lajas, Hilda Flora Palacios y Raúl Osvaldo Cardozo, fueron retirados de la Cuadra del centro clandestino de detención “La Perla”, por el personal perteneciente al Grupo Operaciones Especiales que, a la época de los hechos, cumplía funciones en el C.C.D referido, bajo el mando, orden y dirección del Comandante en Jefe del Tercer Cuerpo del Ejercito y del área 311 Luciano Benjamín Menéndez; para luego darles muerte mediante disparos realizados con armas de fuego, haciéndolos aparecer, mendazmente, como abatidos en la intersección de las avenidas Ejército Argentino y Sagrada Familia, en Barrio Quebrada de las Rosas de esta Ciudad de Córdoba, producto de un enfrentamiento armado producido entre “delincuentes subversivos” agresores de una comisión de seguridad que efectuaba un control vehicular y las “fuerzas legales” que repelieron el ataque.

La “absurda versión oficial” fue publicada en los diarios “La Mañana de Córdoba” del 18/12/77 y “Córdoba” del 19/12/77 conforme ya se transcribió en el Punto VII “A” del presente requerimiento de elevación a juicio.



Además, este “operativo ventilador”, fue ratificado y explicitado por los ex detenidos antes referidos Mirta Susana Iriondo y Héctor ángel Teodoro Kunzman. Iriondo al manifestar que “…en La Perla se solían emplear unos llamados unos procedimientos llamados “ventilador” o sea a determinadas horas se sacaban gente, luego aparecían muertos en la vía pública y luego en La Perla ponían la radio y decían que había muerto en un enfrentamiento. Nosotros no enterábamos de los ventiladores debido a que los escuchábamos por la radio de la guardia o bien porque lo comentaban los mismos guardias…”, la deponente primero indicó “…no recuerdo la fecha pero a Cardozo lo trasladan junto a un grupito, creo que fue cerca de las fiestas…” y luego dijo “…“…En relación a este caso, el de Cardozo y Lajas, había dos personas mas, uno era ángel y su mujer (Brandalisis y Palacios), estos cuatro son llevados también en una operación ventilador en diciembre de 1977…”(v.fs.47/49). Por su parte, a fs. 116/118 vta. de autos Kunzamn dijo…“…yo no puedo precisar cuándo llevaron a Lajas, pero estoy seguro que lo vi allí en la cuadra y se lo llevaron para matarlo…” y “…yo se que lo trasladaron, es decir que lo sacaron para fusilarlo o para preparar un procedimiento al que le decían ventilador eso ocurrió poco después de su detención, cuando los llevaban para fusilar era con luz del día, generalmente a primera hora de la tarde, pero si era para un ventilador, variaba la hora de acuerdo a como iban a preparar el escenario para simular el enfrentamiento. Esto se hacía para justificar que seguían combatiendo a la subversión, si no había enfrentamiento entonces no había ninguna guerra que pelear, hubo enfrentamientos reales, como el caso del Castillo en el que los ocupantes no se entregaron y entonces se generó un enfrentamiento, también cuando se resistían al allanamiento de una casa, pero cuando el supuesto enfrentamiento se producía en la calle, de noche, seguramente era algo simulado…”. Además, y al serle preguntado para que diga la diferencia que había entre el “ventilador” y el “traslado”, en la oportunidad, Kunzman dijo “…que para los “traslados” se hacía una ceremonia bastante formal que concluía con el fusilamiento , el día del traslado se percibía un clima diferente, los militares de inteligencia estaban muy nerviosos, nos ajustaban bien las vendas, no nos dejaban movernos de las colchonetas, no se podía hacer nada, ni levantarse para ir al baño, había que quedarse quieto esperando, llegaban los camiones Mercedes Benz - nos dábamos cuenta por los ruidos – y se iban por un camino distinto al de los camiones que traían la comida…se introducían por un camino interno e iban a los predios que se encuentran entre La Perla y el Tercer Cuerpo, entre las dos rutas - la que va a Carlos Paz y la que va a La Calera – además algunos datos se filtraban o se conocían por comentarios de los mismos militares, esto era diferente al “ventilador” puesto que seguramente venían en uno o dos autos a llevarse a los detenidos, mas probablemente de noche, sin ninguna formalidad ni ceremonia…” (el subrayado me pertenece).

Sobre esta mecánica, Liliana Callizo y Graciela Geuna, entre otros, agregan que los “traslados por izquierda” o ilegales – denominación que surge de propio Memorando de Comunidad Informativa de fecha 13/04/76 obrante en autos - se producían en la mañana o bien por la siesta. En esas circunstancias, se escuchaban ruidos de telas que se rompían y que luego servían para amordazar, atarles los pies y manos como así también para cubrirles la cara a los “trasladados”. También, y para que nadie vea la preparación de los que iban a ser fusilados, se extendían unos biombos que iban desde “La Cuadra” hasta las oficinas. En los otros casos, se sacaba a los detenidos de noche para después hacerlos aparecer como muertos en un simulacro de enfrentamiento. Aquí el personal de La Perla afirmaba que “había ventilado a alguien”, por eso es que a estos operativos se los llamó “ventilador” o también “yelmo”. (v.testimonios de fs. 255, 274, 277 y 303).

Con este marco, la suscrita considera como “un verdadero absurdo” el solo hecho de suponer que las cuatro víctimas -cautivas en La Perla, en circunstancias de vida absolutamente ultrajantes a la condición humana, habiendo sufrido tormentos, y en un estado total de indefensión- hayan “protagonizado” el audaz ataque en contra de las fuerzas del orden, conforme lo dan a conocer las noticias periodísticas referidas en los párrafos que anteceden. No se explica cómo los cuatro militantes del P.R.T – estando tabicados, atados y torturados en repetidas oportunidades -pueden haber logrado eludir el cautiverio, conseguir raudamente un automóvil marca Torino, munirse de armas y luego, abriendo fuego contra los integrantes de una patrulla en la intersección de las calles Sagrada Familia y Ejercito Argentino, atacar a las “Fuerzas Legales”.

Al respecto, solo resta decir que de las constancias de autos surge, con claridad meridiana, que tal novelesco episodio no resiste el menor análisis. En efecto, la existencia del hecho en si, por irreal, debe ser descartarse de plano, y la “versión oficial” publicada en los periódicos, debe rechazarse por falsa y mendaz.

Ahora bien, ya acaecida la muerte de Humberto Horacio Brandalisis, Raúl Osvaldo Cardozo, Hilda Flora Palacios y Carlos Enrique Lajas, se probó que sus cuerpos, sin habérseles realizado autopsia alguna, fueron llevados desde el Hospital Militar de esta ciudad a la Morgue Judicial y a la misma hora de ese 15 de Diciembre de 1977, ser ingresados bajo los números 1182, 1183, 1184 y 1185 e individualizados como “Brandalise Humberto Horacio”, “N.N. Cardozo”, N.N. Palacios y “Layas o Lajas Carlos Enrique” respectivamente (v.copia de las fs. 302 del Libro de la Morgue obrante a fs..231/232 y 2690/2691 de autos).

Luego de permanecer aquí entre cuatro y ocho meses, los cuatro cuerpos, ya en diferentes fechas, fueron inhumados por el Servicio Funerario Municipal en el Cementerio San Vicente de esta Ciudad. (v. Copia de Libro del Cementerio identificado como Nº4 obrante a fs. 234/239, 241/244, 2688/2689)

Asimismo, el Registro Civil de la Municipalidad de Córdoba confeccionó los certificados de defunción de las cuatro víctimas muertas ese 15 de Diciembre de 1977 (v.fs.12, 225, 226 y 227. Ello es así puesto que con fecha 30 de Marzo de 1978 se suscribió el Acta de defunción Nº 593-Tomo 1º-Serie A-1978 correspondiente a Carlos Enrique Lajas; el día 5 de Abril de 1978 se realizó el Acta de defunción Nº 625-Tomo 1º-Serie A-1978 correspondiente a Humberto Horacio Brandalisis (registrado allí como Brandalise), tiempo mas tarde, es decir con fecha 31 de Julio de 1978 se efectuó el Acta de defunción Nº 1493-Tomo 2º-Serie C-1978 correspondiente a Hilda Flora Palacios (registrada allí como N.N. Adulto femenino) y se suscribió el Acta de defunción Nº 1494-Tomo 2º-Serie C-1978 correspondiente a Raúl Osvaldo Cardozo (registrado allí como N.N. Adulto Masculino).

A pesar de las gestiones y los Habeas Corpus interpuestos ante la Justicia (v.fs. 5/10, 54, 37/43, 208/212 y 213/215), ni los familiares, allegados, ni tampoco las autoridades judiciales recibieron información sobre el destino final de las víctimas.

En efecto, a fs. 6/9 de autos obran las fotocopias del hábeas corpus iniciado por los padres de Palacios en agosto de 1978, manifestando que la desaparición de su hija los tenía sumidos en la mayor congoja y desesperación. Ante esto el Ejército contestó el requerimiento judicial, informando que aquella no se encontraba detenida ni alojada en ninguna Unidad Carcelaria dependiente de esa Jefatura de área. A fs. 54, el Juzgado Federal Nº 1 de esta ciudad si bien informo que ante ese Tribunal se tramitó un Hábeas Corpus a favor de Lajas Carlos Enrique en Expediente identificado como “23-A-78”, también puso de manifiesto que el mismo fue incinerado luego de transcurridos diez años desde la última actuación. A fs. 1021 obra un informe de la Policía Federal Argentina referido a ese Hábeas Corpus indicando que Lajas no se hallaba alojado en dependencias de esa fuerza policial. Por su parte, la madre de Carlos Lajas hizo denuncias y averiguaciones en las seccionales de policía e incluso en sede judicial, no obteniendo información alguna de su hijo. Dolorosos resultan los dichos de Silvia Beatriz Lajas puesto que en oportunidad de receptársele declaración testimonial hizo saber que su único deseo en la actualidad era saber qué pasó con su hermano, qué le ocurrió, poder saber dónde está su cuerpo, reunirse con sus restos ya que durante los últimos 25 años fue una tortura para toda la familia, que hubieran preferido que les dijeran directamente que estaba muerto, pero no el sufrimiento continuo de no saber qué pasó con él. También la hermana de Raúl Osvaldo Cardozo, acompañó anotaciones referidas a las diversas denuncias, dos hábeas corpus y las presentaciones realizadas por la madre del desaparecido, comentando que ella personalmente concurrió a la Policía Federal en el año 1980 y un empleado de la repartición que la atendió le dijo que no volviera más puesto que de lo contrario le iba a pasar lo mismo que a su hermano (fs. 213/5). Reitero, aún hoy los allegados permanecen sin respuestas y con la incertidumbre acerca del destino que les tocaron en suerte a aquellos seres queridos víctimas del accionar represivo de la última dictadura militar en Argentina.

En este sentido, y bajo el título “Por qué la desaparición de los cadáveres”, La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas expuso: “…Es muy difícil para nosotros, después de la dura y compleja tarea realizada en busca de los detenidosdesaparecidos vivos, aceptar que muchos de ellos están muertos, y que sus cuerpos han sido diseminados o destruidos en cumplimiento de una planificada política enderezada también a su desaparición.

Necesariamente, esta constatación nos induce a preguntarnos el porqué de tan diabólica directiva ¿Por qué la destrucción del cuerpo? ¿Encuadra acaso el mismo supuesto del crimen individual en el cual se busca borrar las huellas del acto? No nos parece suficiente esta explicación.

Hay algo más que tiene que ver con la metodología de la desaparición: primero fueron las personas, el “no estar” alimentando la esperanza en el familiar de que el secuestrado sería puesto en libertad y habría de retornar; luego el ocultamiento y la destrucción de la documentación – que indudablemente existió acerca de cada caso -, prolongando la incertidumbre sobre lo que sucedió; y finalmente, los cadáveres sin nombre, sin identidad, impulsando la psicosis por la imposibilidad de saber acerca del destino individual, concreto, que le tocó en suerte al ser querido. Fue como asomarse a cada instante al abismo de un horro sin límites.

Por eso pensamos que estos muertos sin nombre encuadran dentro de la misma lógica que decidió la desaparición forzada de personas: al borrar la identidad de los cadáveres se presentaba la misma sombra que ocultaba a miles de desaparecidos cuyo huella se perdió a partir de las detenciones y secuestros.

Fue otra de las formas de paralizar el reclamo público, de asegurarse por un tiempo el silencio de los familiares. Precisamente, alentando en ellos la esperanza de que su ser querido estaba con vida, manteniéndolo en la imprecisa calidad de persona desaparecida, se creó una ambigüedad que obligó al aislamiento del familiar, a no hacer nada que pudiera irritar al gobierno, atemorizado por la sola idea que fuera su propia conducta el factor determinante de que su hijo, su padre o su hermano pasara a revistar el la lista de las personas muertas.

También se pretendió con ello bloquear los caminos de la investigación de los hechos concretos, diluyendo en el ocultamiento de las acciones la asignación individual de responsabilidades; así se lograba extender el cono de sospecha a una gran parte de los funcionarios militares – salvo la casi imposible probanza del hecho negativo -, sobre su participación personal en la dirección o ejecución de las acciones delictivas.

Y por último, lo que fue el meollo de esta política de la desaparición total: impedir por todos los medios que se manifestara la solidaridad de la población y, con ello, la secuela de protestas y reclamos que generaría en el país y en el exterior el conocimiento de que detrás del alegado propósito de combatir a la minoría terrorista, se consumó un verdadero genocidio…” (v.Informe CONADEP “NUNCA MAS”, pags. 246 y 247, Ed, Eudeba, Buenos Aires, 6º edición, abril de 2003).

Luego de transcurrir 27 años de incertidumbre, uno de los cuatro “desaparecidos” de esta causa fue finalmente ubicado e identificado (v. Acta de defunción Nº 1493-Tomo 2º-Serie C-1978 obrante a fs.2739 de autos). En efecto, con fecha 8 de Noviembre de 2004, en la causa que se tramita ante el Juzgado Federal Nº 3 de esta ciudad caratulada “AVERIGUACIóN DE ENTERRAMIENTOS CLANDESTINOS EN AUTOS PEREZ ESQUIVEL ADOLFO Y MARTINEZ MARIA ELBA S/ PRESENTACION” (EXPTE Nº 9693), y como consecuencia de la tareas conjuntas que se realizaron con los peritos antropólogos oficiales del Equipo Argentino de Antropología Forense y con el Dr. Carlos Vullo en carácter de Director del Laboratorio de Inmunogenética y Diagnóstico Molecular, V.S. declaró la ubicación e identificación de los restos de Hilda Flora Palacios que el día 3 de Agosto de 1978 habían sido inhumados en la fosa individual B 326 sector nuevo del Cementerio de San Vicente. Posteriormente, y conforme surge de las constancias de autos, los mismo fueron entregados a su familia para que por fin decidan sobre su inhumación. (v.Copia de la Resolución Nº 209/2004 obrante a fs.2042/2045).

Ahora bien, cabe afirmar que las maniobras que conforman la plataforma fáctica del presente requerimiento de elevación a juicio fueron realizadas por la existencia de una “estructura de poder estatal” que se autodenominó “Proceso de Reorganización Nacional” en donde, el General Menéndez - como máxima autoridad por su carácter de Comandante en Jefe del Tercer Cuerpo de Ejército y Jefe del área 311 –, el General Centeno - como Comandante de la IV Brigada de Infantería Aerotransportada y 2do. Jefe del área 311, el Coronel Anadón - como Jefe del Destacamento de Inteligencia 141 “Gral. Iribarren” y el Teniente Coronel Rodríguez - 2do Jefe del Destacamento referido -impartían órdenes e instrucciones, controlaban y generaban las condiciones adecuadas para que esas órdenes e instrucciones se cumplieran, supervisaban sus resultados y generaba las condiciones para que sean eliminadas todas las pruebas referentes a los hechos como el aquí tratado a los fines de que sus autores perduren en su impunidad. En efecto, Menéndez, Centeno, Anadón y Rodríguez, en mayor o menor grado, tuvieron el control, conocimiento y la responsabilidad por las actividades aberrantes que, entre el 6 noviembre y el 15 de diciembre de 1997, se suscitaron en área 311.

En lo que respecta al funcionamiento de esta cadena de mando dentro del Tercer Cuerpo de Ejército, jurisdicción Córdoba, resulta esclarecedora la declaración que presta el General Juan Bautista Sasiain en la causa “Insaurralde”, como así también el organigrama que confeccionó en dicha oportunidad (v.fs. 349/360).

De dichos elementos se desprende que la autoridad máxima era ejercida por el Comandante del Tercer Cuerpo de Ejercito, a la sazón el general de División Luciano Benjamín Menéndez.

También Menéndez era comandante del área 311, la que había sido organizada, exclusivamente, para la guerra contra la subversión.

Sasiain, en su organigrama lo menciona a Menéndez como “jefe” de dicha área.

Asimismo, el comandante de la IV Brigada de Infantería Aerotransportada era también jefe de Estado Mayor del área 311.

Sasiain, en su organigrama, lo menciona al comandante de la IV Brigada, como 2° Jefe de la referida área.

A su vez, de dicha área dependía el Destacamento de Inteligencia 141 “Gral. Iribarren”, cuya Tercera Sección de Operaciones Especiales (O.P.3) operaba en “La Perla”, que funcionaba como campo de concentración del Comando del Tercer Cuerpo de Ejercito.

El Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio La Perla se hallaba ubicado en terrenos pertenecientes al Tercer Cuerpo de Ejército, situados a la vera de la Autopista que une esta ciudad de Córdoba con la de Villa Carlos Paz (ruta 20), más precisamente a la altura de la localidad de Malagueño, pero hacia el costado opuesto de la ruta –sobre mano derecha en dirección a Carlos Paz-.

Esta soterrada dependencia militar de detención y tortura funcionaba bajo el auspicio del Destacamento de Inteligencia 141 “Gral. Iribarren”, que se encontraba presidido por un Coronel, quien en la época en la que tienen lugar los sucesos que nos interesan en el presente caso era César Emilio Anadón, secundado por un Teniente Coronel, que en aquéllos momentos era Hermes Oscar Rodríguez.

El Destacamento mencionado se organizaba en cuatro secciones: Sección Primera, “Política”; Sección Segunda, “Calle”; Sección Tercera, “Operaciones Especiales” y Sección Cuarta “Logística”. La Sección Tercera precisamente, denominada también “Sección de Actividades Especiales de Inteligencia”, “Grupo de Operaciones Especiales” u “OP 3” era la que funcionaba en la fatídica Perla.

Este Grupo de Operaciones Especiales estaba integrado, en los meses de noviembre y diciembre de 1977, por el entonces Capitán Jorge Exequiel Acosta –jefe de la Tercera Sección- (a) “Rulo”, “Sordo” o “Capitán Ruiz”, quien se desempeñó en tales funciones hasta el día 5 de diciembre de 1977; como también por el siguiente personal subalterno: Sargento Ayudante (posteriormente retirado con el grado de Suboficial Principal) Luis Alberto Manzanelli (a) “Luis” o “El Hombre del Violín”; Sargento Principal (posteriormente retirado con el grado de Suboficial Principal) Carlos Alberto Vega (a) “Vergara” o “El Tío”; Sargento Primero (posteriormente retirado con el grado de Suboficial Mayor) Carlos Alberto Díaz (a) “H.B.”; Sargento Primero (posteriormente retirado con el grado de Suboficial Mayor) Oreste Valentín Padován (a) “Gino” y los Agentes Civiles de Inteligencia del Ejército Argentino Ricardo Alberto Ramón Lardone (a) “Fogo” o “Fogonazo” o “Sr. Iriarte” y el fallecido Ricardo Andrés Lujan (a) Yanqui. Las “operaciones especiales” a cargo de este grupo, eran justamente los secuestros, interrogatorios, tortura y operativos como los llamados “ventiladores”, entre otros procedimientos, en los que intervenían todos sus integrantes.

Dicho Grupo Operaciones Especiales o Sección de Actividades Especiales de Inteligencia o Tercera Sección (OP3), actuaba bajo la dirección y supervisión del Destacamento de Inteligencia 141 y, ascendiendo en la cadena de mando, del Comando del Tercer Cuerpo de Ejército, quienes además, proveyeron a aquella Tercera Sección, de la infraestructura y recursos necesarios a los fines de llevar a cabo el accionar materia del proceso.

En efecto, la OP3 formaba parte del Destacamento de Inteligencia 141 del Ejército Argentino “General Iribarren” con asiento en la Ciudad de Córdoba, cuya Jefatura en los meses de noviembre y diciembre de 1977 estuvo a cargo del Coronel César Emilio Anadón (a) “Tranco de Leon” o “gerente” –Jefe del Destacamento-y por el Teniente Coronel (posteriormente retirado con el grado de Coronel) Hermes Oscar Rodríguez (a) “Salame” o “Subgerente” –2do Jefe del Destacamento- quien se desempeñó en ese cargo hasta el día 5 de diciembre de 1977.

A su vez, reitero, el Destacamento de Inteligencia 141 “General Iribarren” dependía del área 311 –organizada exclusivamente para la denominada “lucha contra la subversión”-, la cual se encontraba al mando de la Brigada de Infantería Aerotransportada IV –por entonces- Gral. Arturo Gumersindo Centeno, quien ostentaba el grado de Comandante de la Brigada mencionada.

De esta manera, queda esquematizada la organización de las Fuerzas Armadas y de Seguridad actuante en lo que se dio a conocer como “lucha antisubversiva”, señalándose además la metodología que sistemáticamente fue implementada valiéndose de medios profundamente deshumanizantes y por ende antijurídicos, en pugna con los principios fundantes del estado de derecho y con las conquistas más valiosas logradas por las naciones civilizadas de este planeta.

Lo antes expuesto también es corroborado por los Memorandos suscriptos por la Delegación Córdoba de la Policía Federal cuyas copias obran a fs. 364/382 y 2759/2850 de autos. En ellos surge la existencia de “Reuniones de la Comunidad de Inteligencia Regional”, como así también de la “Comunidad de Inteligencia Local”, las que estaban presididas en algunos casos por el comandante del tercer Cuerpo, Gral Menéndez (en el caso de la Reunión Regional), y por el comandante de la IV Brigada de Inteligencia Aerotransportada, General Centeno en otros (en el caso de las Reuniones Locales).

A dichos “eventos” concurrían los titulares de todos los organismos de inteligencia a saber: Secretaría de Inteligencia del Estado (S.I.D.E.); Servicio de Inteligencia de Aeronáutica; Agrupación Escuela de Aviación Militar (titular de inteligencia); Departamento de Informaciones de la Policía de la Provincia de Córdoba; Secretaría de Estado de Seguridad; Destacamento de Inteligencia 141; Policía Federal y los distintos encargados de Inteligencia de las Subareas que integraban la 311. y se trataba el temas referentes a la Subversión, su desenvolvimiento y capacidad operativa.

Asimismo, se abordaba el factor político haciéndose mención a reuniones que en forma encubierta realizaban dirigentes nacionales, provinciales y municipales, buscando una apertura a la actividad política.

De igual manera trataban el factor estudiantil en los tres niveles (Sic.); y el fabril.

De estos informes, surge claramente que el Ejército fue el dueño absoluto de toda la mecánica represiva, es decir, presidía las reuniones de Comunidad Informativa, evaluaba la actuación de los distintos organismos de Inteligencia en lo atinente a la lucha contra la subversión, les formulaba requerimientos, los invitaba a mancomunar esfuerzos, advirtiéndoles incluso que “…todo lo relacionado con la subversión lo maneja el Ejército…” y que “…al Comando de Brigada deben llegar todas las proposiciones e inquietudes que al respecto tengan los respectivos servicios…”(v.reunión del 10/06/77 obrante a fs. 379/380).

Es más, ya antes del golpe de estado del 24 de Marzo de 1976, en una “Reunión de Comunidad Informativa” realizada el 10 de Diciembre de 1975 en el Comando del III Cuerpo del Ejército,” entre el Jefe de Operaciones del área 311 (Coronel José Rogelio Villareal), el Jefe del Destacamento Inteligencia 141 (Coronel Oscar Inocencio Bolacini), el Jefe de la Policía de la Provincia de Córdoba (Inspector Miguel ángel Brochero) y el Jefe del Departamento de Informaciones Policiales D2 (Crio. Insp. Raúl Telleldín), el Sub Comisario Deisernía por la Policía Federal Argentina y presidida por el Comandante del III Cuerpo del Ejército y Jefe del área 311 (Gral. de Brigada Luciano Benjamín Menéndez), el tema central a tratar fue “la organización y funcionamiento del GRUPO INTERROGADOR DE DETENIDOS (G.I.D). Allí, y luego de que el Sub. Comisario Deisernia haga hincapié en la “carencia de personal”, el Jefe de la Policía de la Policía de la provincia de Córdoba manifestó: “…que no tenía problemas en asignar dos sumariantes a ese organismo, asumiendo el rol de instructor ante la Justicia Federal, el Jefe del Departamento de Informaciones Policiales (D-2), Crio. Inspector TELLELDIN...”. En el párrafo siguiente del Memorando en cuestión el suscriptor del mismo expuso: “…Es decir, se resolvió continuar – ya en esta nueva modalidad de trabajo – con lo que ya viene haciendo la Policía de Córdoba al tomar intervención en hechos de carácter subversivo…”·(v.fs.2759/2761). En cumplimento de esto, con fecha 15 de Diciembre de 1975, se designan siete suboficiales (24x 48 hs.) para que cumplan las funciones de “recepción e identificación”, “interrogadores y explotación de documentos”. (v.fs.2762).

Ya después del Golpe de Estado del 24 de Marzo de 1976, y en otra Reunión de la Comunidad Informativa también presidida por el Gral. Luciano Benjamín Menéndez, este ordenó, a los fines de una menor dispersión de esfuerzos, la formación áreas de Responsabilidad sobre el sector fabril - a cargo de la Fuerza Aérea -, prensa y difusión – a cargo de la Secretaría de Estado de Informaciones -y universitario y bienestar social – a cargo de la Secretaría de Seguridad de la provincia de Córdoba- y luego indico que “…los restantes organismos deben continuar desempeñándose dentro del marco de sus funciones específicas...”. En sus conclusiones y/o requerimientos, el Jefe de área 311 dijo: “… 4- consecuencias que pudieran traer la detención de activistas o desaparición de los mismos…” y “… 6- toda acción en zona vecina o distinta debe ser comunicada al COT de la IV BRIGADA…” (el subrayado pertenece a la suscripta).

Con fecha 7 de Abril de 1976 (v.fs.2839/2841) en otra “Reunión de Comunidad Informativa” presidida por el Coronel Juan Bautista Sacian se abordó, entre otras cosas, temas como “procedimiento de los blancos y selección”, “mecanismos de detención” e “inteligencia primaria de los blancos detenidos”. En la oportunidad, también se requirió a los asistentes que ante las novedades se efectúen contacto diarios por teléfono, enviando, en su caso, parte reservado por estafeta. En relación los detenidos en los C.C.D. Sasiaiñ dijo: “… en todos los casos se deberá actuar luego de consulta previa al Comando del área…” y “...por el momento no se publicaran las listas de detenidos dado que algunos recuperarían la libertad…”. Para finalizar, se solicitan “blancos” de Montoneros, ERP, PRT, PO, Juventud Guevarista, activistas gremiales, estudiantes y área de Gobierno. (el subrayado pertenece a la suscripta).

Unos días después, el Comandante del Tercer Cuerpo el Ejército Luciano Benjamín Menéndez en otra “Reunión de Comunidad Informativa” determinó que las Reuniones de la Comunidad de Inteligencia serían todos los martes a las 8.00 hs. En el transcurso de esta reunión los organismos suministraron blancos y luego informaron sobre en lo que se estaba trabajando. Estos blancos fueron suministrados a Sasiaiñ, quien en cumplimiento de lo ordenado por Menéndez, debía implementar operaciones en las subareas. Para finalizar, a los asistentes se les ordenó “…que no efectivicen procedimientos por izquierda hasta nueva orden puntualizándose que todos los casos – x derecha o izquierda – deberá consultarse al Comando de operaciones 311 quien determinaría cuando puede actuarse por izquierda….” (v.fs.2836/2838).

También ratifica la tan mentada “lucha contra la subversión” el “Informe de Apreciación de Inteligencia” (Para la Com de Icia Subarea 311) suscripto en Junio de 1976. Entre otras cuestiones allí se expone como “MISION”: la de “…contribuir la erradicación de la subversión…”. Asimismo, y al referirse a la “SITUACION DEL ENEMIGO”, se expuso “…las tres organizaciones. ya conocidas PRT, ERP, PA, MONTONEROS y LA CCPO-BR y los elementos infiltrados en el campo administrado…” (v.fs. 2765/2769).

En este sentido, a fs. 2772/2774 de autos, obra un Memorando de fecha 29 de Julio de 1976 cuyo es objeto es “COMUNICAR REALIZACION EJERCICIO Nº 3 GRAL SALGADO” (Juego de Guerra de Ambiente Operacional Subversivo). En efecto, aquí se comunica que el 14 de Julio de 1976, desde las 8.30 hasta las 19.00 se realizó en el Tercer Cuerpo del Ejército un “Juego de Guerra” al cual se lo denominó “Ejercicio Nº 3 Gral. Salgado”. Luego de nombrar a todos sus asistentes, se explica “el juego” y cuando se refiere al “OBJETO DEL EJERCICIO” se hacen las siguientes aseveraciones: “…la brigada 1º, la aerotransportada IV, la que desarrolla operaciones ofensivas contra la subversión y cuyo Comandante que esta a cargo accidental del área 311, tiene destacada una (1) FT en la zona Acc. del Brigada IV (Operación INDEPENDENCIA)…” y luego “…deben abortar los intentos subversivos desde que el Cte. de Bgda recibe los informes que configuran el recrudecimiento del accionar subversivo, hasta que se realzan las operaciones para aniquilar los delincuentes subversivos…”(el subrayado me pertenece). Además, en el apartado identificado como “PUNTOS A CONSIDERAR”, mas precisamente en la “solución de los problemas táctico” se consideró “…el valor del concepto de ofensiva permanente. Acciones de allanamiento, detencion, y patrullaje….”, “…Resolución de problemas tácticos aun sin orden del comando superior…” y “…ejecución de una operación aerotransportada. Ataque para aniquilar delincuentes que penetraron en una fábrica militar…”.

Mas evidente aún, resulta la “Reunión de Comunidad Informativa” de fecha 22 de Junio de 1976 presidida por el General de Brigada Juan Bautista Sasiaiñ. Entre otras cosas allí se manifestó. “…para contrarrestrar esa acción (subversión) se decretaría la baja temprana de conscriptos (elementos confiables) los que operarán como infiltrados en la Universidad, dos por facultad, solicitando cooperación de la Fuerza Aérea, en igual medida para infiltración en las fábricas…”. (v.fs.2815).

Asimismo, al finalizar la reunión del 1 de Abril de 1977 (v.fs. 364/365) y como corolario, Menéndez, manifestó su conformidad en lo que hace a la búsqueda de información por parte de los distintos servicios. En este sentido destacó la importancia de profundizar las averiguaciones en: 1°) CAMPO GREMIAL –predispuesto a ser captado para los fines de la subversión-; 2°) Intelectuales y del Tercer Mundo.

En otras de las reuniones (11/1/77), se trataron los mismos temas: Subversión estudiantil, políticos y fabril, y al concluir el General Centeno señaló la necesidad de incrementar la búsqueda de información en E.P.E.C. (v.fs. 366).

También en la reunión del 18 de Enero de 1977, se abordaron los mismos temas. Sobre el particular la Secretaría de Estado de Seguridad hizo mención al malestar estudiantil por el ingreso para el año 1977 a la Universiadad. Asimismo se destacó la puesta en marcha del operativo “área”, que cubría el casco céntrico y el Operativo “Cosquin 77”.(v.fs. 367).

Por su parte, en la reunión del 25 de Enero de 1977 se terminaba exhortando a que se hiciera llegar al Comando de Brigada toda información que se posea sobre la presencia de activistas en los distintas fábricas de Córdoba. (v.fs. 368).

Reitera en la reunión del 9 de Febrero de 1977, que el tema principal es el factor Subversivo en Córdoba y hablan sobre versiones de un posible paro general de actividades para el 24 de Marzo. En la oportunidad, el Gral. Centeno concluye haciendo saber el requerimiento del Gral. Menéndez sobre la búsqueda de todo tipo de actividades ideológicas. (v.fs. 369/370)

El resto de los memorandos agregados a autos resultan mas o menos similares, correspondiendo destacar el del 18 de Octubre de 1977 en el cual Menéndez, al concluir con su deposición, se dirige a los presentes expresando la necesidad de estrechar vínculos entre los distintos organismos con el objetivo de que, mediante información concreta y veraz, se pueda erradicar definitivamente la infiltración y los distintos síntomas de subversión que aun persisten en la provincia. Además el General Menéndez dijo que todos los servicios que integran la Comunidad de Inteligencia Regional deberán ahondar en las auscultaciones de sus respectivas áreas e informar de inmediato al Comando de la Brigada de Infantería Aerotransportada IV toda novedad de importancia que se produzca en los mismos y que mediante el trabajo que se viene desarrollando desde el 24 de marzo de 1976, se pudo llegar a la situación de normalidad que impera en Córdoba, con la excepción del sector gremial por las causas antes nombradas.

De lo expuesto se colige que el aparato represivo se estructuraba, sobre la base de la información, y que en esa tarea trabajaban – estrechamente interrelacionados- los servicios de inteligencia de todas las Fuerzas de Seguridad, abarcados y dirigidos todos ellos por Menéndez, en su carácter de Comandante del Tercer Cuerpo de Ejército. (v.fs. 381/382).

Evidentemente, el contenido de todo lo expuesto permite que la suscripta afirme que, en el transcurso de este proceso, la hipótesis plasmada a fs. 386/406 de autos ya ratificada no solo por la Sra. Juez Titular del Juzgado Federal Nº 3 de esta ciudad en oportunidad de dictar el auto de procesamiento en esta causa sino también por la Excma Cámara Federal de Apelaciones al confirmar el decisorio de V.S. (v.fs.1147/1183 y 1501/1621 respectivamente), se ha verificado plenamente.

Así las cosas, y en lo que respecta al justiciable Luciano Benjamín Menéndez solo resta afirmar que fue quien accionó, instruyó, generó las condiciones adecuadas para que sus ordenes se cumplieran, supervisó sus resultados y generó todas las condiciones para obtener impunidad sobre todo el sistema represivo maquiavélicamente organizado con el alegado motivo -fuente de toda justificación-, de reprimir la subversión, situación esta que le permitió ser el dueño absoluto de la disponibilidad de individuos que, como Brandalisis, Lajas, Palacios y Cardozo, fueron víctimas de referido sistema.

Tal fue el convencimiento de su obrar criminal, que en una oportunidad en que se celebró en el Comando del Tercer Cuerpo del Ejército una “Reunión Informativa sobre la subversión” a la que asistieron “…oficiales del Ejército, de la Gendarmería Nacional, de la Delegación Local de la Policía Federal Argentina, representantes de la Justicia, el clero, la municipalidad y las fuerzas vivas de esta ciudad…” , el único orador fue Luciano Benjamín Menéndez explayándose, por el término de tres horas, sobre la subversión a nivel mundial, nacional y en particular en lo que respecta a la jurisdicción del Tercer Cuerpo del Ejército. (v.Memorando obrante a fs. 2775 de autos).

En efecto, el Comandante en Jefe del Tercer Cuerpo del Ejército y máxima autoridad del área 311 organizada a los efectos de la “lucha contra la subversión” conducía toda la actividad represiva. Todo conocía y controlaba. Su intervención fue desde la fijación del “enemigo”, al conocimiento previo de los procedimientos a realizarse, identificación de blancos, la proporción de los recursos económicos y humanos para que La Perla funcione a los fines de la lucha antisubversiva, el detalle de las personas que allí estaban ilegalmente detenidas, el control sobre la metodología infrahumana practicada, dentro y fuera de La Perla, por los integrantes del O.P 3 para obtener la tan ansiada “información operativa”, las condiciones insalubres de vida y, lo peor de todo, la decisión definitiva sobre el destino final de cada uno de los prisioneros.

Sobre la cuestión, resulta confirmatorio lo manifestado por Teresa Meschiatti cuya copia certificada de su contenido ha sido incorporado a autos (v.fs.997/999). Allí, esta ex detenida de “La Perla” asevera “…en cuanto a listas de personas detenidas en La Perla se confeccionaban por triplicado: una quedaba en poder de la 3ra Sección, la segunda se elevaba a Base (sede central del Destacamento), la tercera se enviaba al General Luciano B. Menéndez…”(el subrayado me pertenece).

Además, los liberados de “La Perla” Kunzman, Geuna y Meschiati, coincidieron en que en varias oportunidades, y acompañado de tres o cuatro militares mas con los que murmuraba, Menéndez hizo inspecciones en el referido Centro Clandestino de Detención. En esas circunstancias, y mientras los detenidos estaban tabicados y en absoluto silencio, el justiciable entraba a la cuadra y preguntaba el nombre de cada detenido y la organización a la que pertenecían. Los referidos ex detenidos también coincidieron en que la presencia de Menéndez coincidió siempre con un posterior “traslado de detenidos” (v.fs. 116/8, 256 y 300 de autos).

En síntesis, del material probatorio de autos surge, de manera indubitable, que Luciano Benjamín Menéndez, por considerarlos “enemigos subversivos”, ordenó operaciones clandestinas y subrepticias que implicaron una cadena de secuestros a la que fueron cayendo primero Brandalisis, luego Lajas, mas tarde Palacios y a los días Cardozo para que el personal actuante de la Sección de Operaciones Especiales, mediante el hostigamiento físico y psicológico, obtenga “información operativa” para eliminar, definitivamente, la células subversivas que por finales de 1977 existían en esta provincia de Córdoba. Cuando no les sirvió mas para sus tenebrosos fines, en vez de hacer cesar tan crueles padecimientos Menéndez consideró que su existencia en el mundo no tenía mas sentido, por consiguiente, ordenó que el personal de la O.P. 3 a su mando los acribille mediante un “operativo ventilador”.

Con respecto a Hermes Oscar Rodríguez (alias “Salame” y/o “Subgerente”), quien a la época de los hechos y hasta el día 5 de diciembre de 1977 - fecha en la que fue trasladado al Batallón de Inteligencia 601 en Buenos Aires - se desempeñó como Segundo Jefe del Destacamento de Inteligencia 141 General Iribarren, que funcionaba en Avda. Richieri de esta Ciudad, Unidad esta que formaba parte de la Tercer Sección de Operaciones Especiales.

Además, si integralmente se interpreta la circunstancia de que del Legajo Militar del encartado surge que su rol como Segundo Jefe del Destacamento de Inteligencia 141 incluía la misión de dirigir y operar en el grupo Operaciones Especiales, sumado a que esta tarea, durante los años 1975 y 1976, fue desarrollada directamente por el justiciable en forma “altamente eficiente”, cumpliendo las “misiones ordenadas, con abnegación y sacrificio, aún a costa de riesgos personales, logrando a través de su esfuerzo, éxitos de ponderación” -observación realizada a fines de 1976-; y que en los legajos de los integrantes del O.P. 3, en vez de sanciones por excesos funcionales, figuran “altos puntajes y felicitaciones por sus destacados desempeños” (v.fs.142/143, 200, 363 y 756/164 de autos), la suscripta, en esta instancia del proceso, considera que el aporte de Rodríguez en los secuestros y tormentos al que fueron pasibles Brandalisis, Lajas, Palacios y Cardozo fue la de transmitir, hacer cumplir y dirigir a sus subordinados pertenecientes al Grupo de Operaciones Especiales, las órdenes efectuadas por el Jefe del área 311 General Luciano Benjamín Menéndez. En otras palabras, fue el superior jerárquico inmediato del Ejercito Argentino que, en función de la “lucha antisubversiva”, ordenó al personal de la O.P. 3 que, en la clandestinidad, priven de la libertad a las víctimas antes referidas para luego ser llevadas al C.C.D La Perla y menoscabar sus resistencias morales para también lograr acceder a la información que pudieran aportar en relación a las organizaciones y agrupaciones (P.R.T. en este caso) cuya eliminación persiguieron, en su conjunto, las fuerzas armadas y de seguridad. Cabe resaltar también, que Rodríguez, atento a lugar jerárquico dentro en la cadena de mandos, fue quien les proveyó al “Grupo de Tareas” todos los recursos necesarios para que la orden sea cumplida en los mismos términos y condiciones en que fue ejecutada.

Por su parte, Graciela Geuna indico: “…era el conjunto de oficiales de las secciones del Destacamento 141, quienes decidían a que prisioneros “trasladar”. En ese tema, los suboficiales tenían voz, pero no voto. En cambio, un oficial podía, según el grado de influencia que tuviera, evitar que un determinado prisionero fuera “trasladado”, llegando en algunos casos a negociar los secuestrados con otros oficiales…”(sic).

En apoyo a esto, a fs. 303, 304 y 320 de autos, Teresa Meschiatti, es su testimonio aquí agregado, consideró que las personas que decidían acerca del “destino final de los detenidos” eran el Jefe del Destacamento 141, el Subjefe del mismo (Rodríguez en el año 1977), los oficiales responsables de las cuatro secciones (Acosta en la 3ra. Sección) y la Jefatura del Tercer Cuerpo de Ejército (Menéndez). Todos estos, con asombrosa frialdad, fueron resolviendo el tipo de traslado que se le iba a dar de cada secuestrado.

En este sentido, conforme lo expuesto por Graciela Geuna y Piero Di Monte a fs. 264 y 318/319 de autos, a pesar de trabajar en la sede del Destacamento, Rodríguez visitaba asidua y regularmente La Perla. En efecto, y al igual que el fallecido Anadón, tomaba parte de las reuniones de oficiales donde se decidía la suerte de cada prisionero. Es mas, agrega Mirta Iriondo, ambos jefes concurrían a La Perla toda vez que era detenida alguna persona a la que consideraban importante (v.testimonio de fs. 47/9).

No obstante ello, ni Menéndez, ni Rodríguez necesitaban concurrir a La Perla para dirigir y supervisar lo que allí se hacía puesto que todos los días, mas precisamente al terminar la jornada, se confeccionaba por triplicado una lista de detenidos, incluyendo los secuestrados de ese día y excluyendo a los trasladados. Esta lista indicaba el nombre, seudónimo y filiación política de cada detenido, una copia quedaba en el campo, la segunda era llevada diariamente al Destacamento y la tercera al Comando del Tercer Cuerpo. Además de ese parte diario, se confeccionaban carpetas que contenían las declaraciones que por duplicado se les receptaba a los prisioneros. De estas deposiciones, el original quedaba en el campo y la copia era llevada diariamente al Destacamento. Luego se analizaban estas declaraciones y ordenaba parar la tortura o continuar torturando al detenido, según les convenciera o no lo ya declarado. Todas las mañanas, a primera hora, un militar de La Perla pasaba por el Destacamento –Base-a buscar nuevas instrucciones respecto a los prisioneros que estaban en etapa de interrogatorio –tortura-. Cuando un prisionero era “trasladado” se enviaba a Base su carpeta original y en la caratula escribían “QTH Fijo” que significa “muerto”.

Asimismo, el “coche comando” que intervenía en los secuestros y demás operativos donde iban los oficiales jefes de la Tercera Sección, estaba comunicado por radio con el Destacamento 141- Base - y en caso de encontrar resistencia durante el operativo, la Central que seguía la marcha por intermedio de la radio, ordenaba legalizar la acción militar y dar rápida intervención a fuerzas regulares, enviando al lugar personal militar uniformado o del Comando Radioeléctrico de la Policía Provincial (v.testimonios de Callizo, Meschiati, Di Monte)

Conforme surge de las constancias del expediente creado con motivo del pedido de pensión por la muerte de Daniel Righetti, esta manera de actuar resulta, en todos sus término, plenamente verificada (v.fs.2883 y siguientes).

En lo que respecta a Jorge Exequiel Acosta (alias “Rulo”, “Sordo” o “Capitán Ruiz”) cabe afirmar que, conforme surge de las probanzas de autos, este fue hasta el 5 de Diciembre de 1977- a pesar que su pase a Buenos Aires ya estaba dispuesto desde el 4/11/77-el Jefe del tristemente célebre Grupo Operaciones Especiales o Tercera Sección del Destacamento de Inteligencia 141 que tenía su base en el establecimiento militar La Perla (v.fs.288).

Recordado por los ex detenidos de La Perla por su coraje, audacia, dinamismo, arrogancia, seguridad, por actuar a cara descubierta, su enorme desprecio por la vida ajena - gozaba intimidando a algunos prisioneros -, inescrupuloso, irresponsable – su grupo no sólo secuestraba sino que también robaba -, contradictorio - podía ser amable y cruel a la vez, evitaba las sesiones de tortura pero a veces las provocaba, podía matar a alguien sin motivo, por antipatía personal y también salvarle la vida si le caía simpático –(v.testimonios de Geuna, Callizo y Di Monte), este militar calificado a finales de 1977 como “…uno de los pocos sobresalientes para su grado…” (v.fs. 141 y legajo reservado en Secretaría Penal del J.F.N’ 3) era quien comandaba el Grupo Militar encargado de materializar todo lo diseñado, ordenado y retransmitido por Menéndez y Rodríguez respectivamente, es decir por sus mandos superiores dentro del área 311. En otras palabras, fue quien comandaba la transición de lo teórico a la práctico, es decir la recolección de información mediante la realización de clandestinos procedimientos, allanamientos ilegales, robo de bienes, obtención de documentación y, lo que es pero aún, secuestro de personas para luego trasladarlas a La Perla e interrogarlos y torturarlos en infinidad de ocasiones, haciéndolos permanecer constantemente vendados, acostados o sentados sobre una colchoneta de paja en el piso, con la prohibición de moverse y/o comunicarse con los demás detenidos, careciendo de la alimentación, higiene y atención médica adecuada, escuchando invariablemente gritos y lamentos de personas que eran allí torturadas.

Sobre el particular, cabe citar también el testimonio de Teresa Meschiati respecto al secuestro de Daniel Romanutti en la localidad de Colonia Caroya de esta Provincia el 10 de Noviembre de 1977 (v.fs.997/999). Allí, la ex detenida explicitó las circunstancias de tiempo y lugar y modo de la aprehensión del nombrado y luego indicó que los autores del mismo fueron los integrantes de la Tercera Sección de Operaciones Especiales, precisando además que el Jefe del operativo fue Jorge Exequiel Acosta (alias Rulo, Ruiz o sordo). Sobre el particular, la deponente manifestó “…que el Capitán Acosta le tenía un odio especial a Daniel. Recuerdo sus palabras: la gente que pertenece a la clase alta, que toda su vida gozo de privilegios especiales, que fue bien educada, la tuvo al posibilidad de tener una familia adinerada, que mamo desde la cuna el bienestar económico, no puede dejar su clase, ni tener contactos con la subversión…”. En la oportunidad, Meschiatti agregó: “…se que Acosta participó activamente en el traslado de Daniel por haber hablado de ese tema varias veces en La Perla con el Coronel Cesar Emilio Anadón…” y “…Acosta no sólo era el jefe de la Tercera Sección, sino que también era muy querido por los altos mandos, con los cuales sabía utilizar su carisma, cualquier decisión que tomara, era muy tenida en cuenta. Poco valía que Daniel tuviera o no contacto con alguna organización, su suerte estaba decidida, ACOSTA LO CREIA Y CON ESO BASTABA…”.

También, resulta de trascendental importancia la copia de los oficios obrantes a fs. 813/814 y 815 de autos que fueran dirigidos, con fecha 26 de Diciembre de 1984 y 13 de Febrero de 1985 respectivamente, por el Comando del Tercer del Ejército al Titular del Juzgado Federal Nº 2 de esta ciudad para los autos “Señor Procurador Fiscal solicita instrucción de sumario c/CONTEPOMI, GUSTAVO Y OTRA p.ss.aa asociación ilícita (Expte 485/84). En esta documentación oficial del Ejército no solo se reconoció, abiertamente, que el Lugar de Reunión de Detenidos (LRD) La Perla efectivamente existió y “…dependía de del Comando de la Subzona 31, cuyo Comandante era el Comandante del Tercer Cuerpo del Ejército, General de División Luciano Benjamín Menéndez…” sino también que, luego de ser detenido por su militancia en “MONTONEROS”, allí estuvo alojado Gustavo Contempomi desde Julio de 1976 hasta Agosto del año 1979. Además, junto al oficio de fecha 13 de Febrero de 1985, se acompañó el acta de secuestro de los elementos incautados en el procedimiento que fueron capturados Contepomi y su mujer Patricia Astelarra. Tanto las detenciones como el acta fueron realizadas por el entonces Teniente Primero Jorge Exequiel Acosta (v.fs.816 de autos).

El sádico accionar de Acosta se ve claramente ratificado en el Legajo Militar correspondiente a Ernesto Guillermo Barreiro. En efecto, y como antes ya se expuso, allí obra una nota - de fecha 6 de Noviembre de 1976 - suscripta por el Capitán Luis Gustavo Diedrichs – Jefe de la 1’ Sección Ejecución - dirijida al Jefe del Destacamento de Inteligencia 141 “Gral Iribarren”. En esta misiva, primero se destaca el accionar del personal perteneciente al grupo Operaciones Especiales (O.P. 3) en la “lucha contra la subversión” puesto “…que las acciones realizadas por esta sección son encubiertas, sin registro alguno, fruto de largas investigaciones, del interrogatorio perfectamente realizado, apartadas del convencionalismo de las operaciones militares regulares…”, y luego Diedrichs solicita a su superioridad, que se otorgue al personal de aquel grupo un reconocimiento honorífico es decir, “la medalla al heróico valor en combate”-(v.fs.992/993)”. Justo allí, Jorge Exequiel Acosta - seguido por los Tenientes González, Barreiro y los Sargentos Vega, Manzanelli, Herrera y Díaz - encabeza una lista que, por las nefastas acciones antes referidas, debían ser premiadas con una medalla honorífica.

A continuación, y en este mismo Legajo militar, se encuentra una nota de fecha 30 de Abril de 1977 en donde el Teniente 1ro.· Ernesto Guillermo Barreiro, le requiere al Comandante en Jefe del Ejército que reconsidere la calificación que le fuera impuesta a fines de 1976. El nombrado allí destaca su desempeño en la O.P. 3 y pone de manifiesto en qué consistían las “Operaciones Especiales” que realizaban Acosta y sus subordinados dentro del marco de las “operaciones contra elementos subversivos” (RC 9-1 Reglamento de carácter reservado experimental). En efecto, se trataba de una “…forma de lucha totalmente novedosa para nuestra doctrina, educación e instrucción…” que incluía distintos tipos de actividades, tales como “…operaciones propiamente dichas, interrogatorios e investigaciones, allanamientos, emboscadas y patrullajes, dentro del peculiar marco de las operaciones contra irregulares…” (v.fs.994/995 vta.).

En función de todo lo expuesto, a la suscripta no le caben dudas de que Jorge Exequiel Acosta fue uno de los autores materiales de los secuestros y tormentos que en el punto VI del presente se le endilgan y del que fueron pasibles Brandalisis, Lajas, Palacios y Cardozo.

Por otra parte, de los respectivos legajos (fs. 142/3, 200, 363), de la nota fotocopiada a fs. 992/3 y de los concordantes organigramas obrantes a fs. 262, 283 y 337, surge que Luis Alberto Manzanelli – alias “ Luis” y/o el hombre del violín”, Carlos Alberto Vega – alias “Vergara” y/o “El Tío”, Carlos Alberto Díaz – alias “HB”, Oreste Valentín Padovan - alias “Gino” y el Personal Civil de Inteligencia Ricardo Alberto Ramón Lardone – alias “fogo”, “fogonazo”, “Sr. Iriarte”, junto a las otras personas referidas en el Punto III del presente requerimiento de elevación a juicio, integraron, a la época de los hechos sub-examine, el Grupo de Operaciones Especiales – bajo el mando directo de Acosta y, por encima de él, a las órdenes y coordinación de Rodríguez y Menéndez.

Cabe destacar que en los legajos de Sargento Ayudante Manzanelli, del Sargento 1º Padovan, del Sargento Principal Vega y del Sargento Díaz consta una expresa observación por sus actuaciones durante los años 1975/6 en la sección Operaciones Especiales en la se les reconoce que: ·”…en forma altamente eficiente, cumpliendo la misiones ordenadas con abnegación y sacrificio, aún a costa de riesgos personales, logrando través de su esfuerzo, éxitos de ponderación que sirven servirán como ejemplo para sus camaradas y subalternos. Continuó actuando en Operaciones Especiales durante 1977 con el mismo arrojo, valor y sacrificio con que lo hicieran en oportunidades anteriores, mereciendo el reconocimiento de superiores, camaradas y subalternos…”(v.fs.142/143 y 363 de autos). Asimismo, en el informe correspondiente a Padovan (v.fs. 383) figura que “…del 16/08/77 al 30/09/77 realizó curso C.S.M. – 203 – interrogadores, dirigido por el Director de la Escuela de Inteligencia, calificación 95,166, orden de mérito 3/11…” (el subrayado pertenece a la suscripta). Por su parte, en las transcripciones correspondientes a Díaz figura que este fue felicitado por su desempeño en el grupo Operaciones Especiales durante 1976 y en 1977. Ademas, este realizó un curso de Contrainsurgencia y Represión que en su legajo militar figura como “curso de perfeccionamiento para auxiliar de inteligencia”, en Buenos Aires, mas precisamente en la Escuela de Inteligencia desde el 16/8/77 hasta el 30/9/77, obteniendo una calificación promedio de 86,562 puntos. Aquí demostró “interés por obtener una mejor especialización profesional”. .(sic)

En relación a la manera de actuar del Grupo, los testigos, en términos coincidentes, aseveraron que cada Sección tenía su razón de ser dentro del Destacamento de Inteligencia 141 es decir, cada una cumplía una función específica. Así es que las “Operaciones Especiales” de la Tercera Sección (O.P. 3) eran los secuestros, interrogatorios y traslados. Este grupo fue el responsable directo de las intimidaciones, amenazas, colocación de bombas, incendios, allanamientos, asesinatos, secuestros, torturas, acciones de terror psicológico, etc. Quienes resultaron secuestrados por este grupo de tareas fueron conducidas al campo de detención clandestina La Perla en donde eran sometidas a un proceso de tortura e interrogatorio. A su vez, los operativos se realizaban a partir de información proveniente de los interrogatorios y de la central de inteligencia. Quien comandaba la Tercera Sección era un Capitán (al tiempo de los hechos motivo de la causa era Acosta) y el resto del personal compuesto por oficiales, suboficiales y civiles adscriptos dedicados a los operativos e interrogatorios. En 1977 eran el sargento Luis Manzanelli -alias Luis-; el sargento primero Diaz -alias HB-, quien era un torturador especializado que aplicaba picana y puños.

Tenía experiencia y cuando torturaba se descontrolaba. -; el sargento primero Oreste Padován -alias Gino-; el suboficial mayor Carlos Alberto Vega -alias Vergara, o el tío-; los civiles Ricardo Lardone –alias Fogo o Fogonazo- y Ricardo Lujan – alias yanqui. El personal de La Perla secuestraba, torturaba, tenía poder de vida y muerte sobre los prisioneros, gozaba de enormes prevendas y estaban autorizados para apropiarse de las pertenencias de los secuestrados, en otras palabras tomar “el botín de guerra”. Todos vestían de civil, se dejaban el cabello largo, algunos utilizaban barba. Tenían un enorme desprecio por la vida ajena, el ser humano era nada y menos aún en sus manos (v. testimonios de Graciela Geuna y Piero Di Monte obrantes a fs. 250, 330/331 y 334 de autos).

En su extenso relato Piero Di Monte también explicó que si las personas buscadas estaban en la casa allanada, eran secuestradas y conducidas inmediatamente a La Perla - tal como aconteció con Lajas -; si junto a ellos se encontraban amigos o familiares, generalmente eran preventivamente secuestrados, para asentuar sus responsabilidades - como ocurrido con el matrimonio Olmos-Juncos en circunstancias de ser secuestrada Hilda Flora Palacios -. También robaban todo lo que encontraban a su paso, particularmente objetos de valor - igual que sucedió en la habitación de la pensión en donde vivía Cardozo y que pretendieron que acontezca en el domicilio de Lajas -. Por estos objetos materiales, los integrantes del Grupo constantemente se peleaban. También muchas veces, cuando la casa estaba vacía, montaban en la misma una “ratonera”, es decir que un grupo armado, permanecía escondido esperando la llegada de los moradores – calcado al secuestro de Palacios -;. Todo esto lo hacían con la absoluta impunidad que sólo puede brindar el poder total del Estado. Las personas capturadas eran conducidas en los baúles o en la parte posterior de los vehículos y transportados a alta velocidad a “La Perla” en donde eran inmediatamente sometidos a un proceso de tortura con el fin de lograr información, la cual daba espacio a nuevos operativos.

La descripción tan ajustada a los hechos no hace más que ratificar, sin lugar a dudas, que lo expuesto en el Punto III del presente ha quedado comprobado. En este orden de cosas, la suscripta reitera que este es el grupo responsable del accionar sucintamente allí narrado. Fue un trabajo de toda la sección, conformando un macabro equipo. Utilizándose los términos de la jerga represiva, cabe afirmar que era una “patota” con los recursos necesarios para obtener, a cualquier precio, “información operativa” de las víctimas. Efectivamente, no intervenían individualmente en cada procedimiento, sino que – conforme la prueba hasta ahora valorada-los operativos eran realizados en conjunto puesto que las tareas como las investigadas en autos, difícilmente se hubiesen realizado con la sola intervención de una o dos personas carentes del apoyo y la coordinación necesaria para su certero cumplimiento.

Este “trabajo en grupo” fue corroborado no solo por las notas de Barreiro y Diedrich obrantes en el Legajo militar del primero, sino también del expediente confeccionado con motivo del pedido de pensión por parte de la esposa de Daniel Righetti y en donde algunos integrantes del O.P. 3 relatan su obrar “subrepticio, no ortodoxo y clandestino” en ocasión de interceptar a un “delincuente subversivo” (v.fs. 2883 y ss). En efecto, como ya se manifestó ut-supra, en la nota obrante a fs. 992/993 el Capitán del Ejército a cargo de la Sección Operaciones Especiales durante 1976, luego de destacar que desde noviembre de 1975 hasta la fecha de la nota – noviembre de 1976-el conjunto actuó “…en forma altamente eficiente, logrando experiencia inapreciable y habiendo obtenido a lo largo de un año, un resultado sumamente valorable”, solicitó que se otorgue una “medalla al heroico valor en combate” a todo el personal de la sección - Acosta, González, Barreiro, Vega, Manzanelli, Herrera y Díaz - y no algún “virtuoso y aislado torturador” de la misma. En similares términos Barreiro, en su reclamación cuya copia obra a fs. 994/995 de autos, describe el accionar de la Sección Operaciones Especiales e indica que “…a través de la experiencia y de las capacidades y limitaciones personales, va configurando en cada uno de los integrantes de ese grupo un perfil característico acorde con las necesidades del conjunto, correspondiéndole al suscripto la delicada misión de obtener información, evaluarla, y posteriormente ponerla a consideración de sus superiores directos, a efectos de que la misma siguiera el curso correspondiente, ya sea en la faz operativa como en su procesamiento…” (el subrayado pertenece a la suscripta).

Así es que Kunzman, luego de relatar las circunstancias particulares sobre el registro domiciliario del que fue testigo en la casa de Carlos Lajas, señaló “…que a los procedimientos iban todos los que en ese momento estaban trabajando en La Perla, sólo se quedaba alguno que tuviera algo concreto para hacer en aquel lugar. En los últimos meses de 1977 debieron estar “HB” (Díaz), “Vergara” cuyo verdadero apellido era Vega, “Luis o Piazze” (Manzanelli) y posiblemente el suboficial “Padovani”…en esa época de 1977 también operaban en la perla agentes civiles, el Chubi López, el yanqui Lujan, Palito Romero ‘ creo que se llama Jorge – que fue quien me detuvo y torturó, Ricardo Lardone ‘ alias Fogo‘, había otros agentes civiles que iban y venían, participaban veces, trabajaban en el destacamento de inteligencia o en el grupo calle que tenía oficinas en el centro, pero los nombrados son los que comúnmente participaban en todos los allanamientos, los que nombré fueron los más cercanos a todo este accionar...En los autos de la gente de la Perla no tenía choferes, manejaban ellos mismos, iban tres o cuatro de ellos en cada auto, mas uno o dos detenidos en cada…”.(el subrayado pertenece al ala suscripta). Continuando con su relato, Kunzman agregó que en este criminal accionar, los nombrados represores estaban especializados. En efecto tratándose de gente vinculada al PRT seguramente Manzanelli intervino en la tortura e interrogatorio pues todo lo relacionado con esa organización era responsabilidad de aquel suboficial, era uno de los que más conocía del tema del PRT y que en mejores condiciones estaba para obtener información del detenido torturado, información relativa a quiénes estaban en la organización por encima y por debajo del interrogado. Con estos datos se iban armando organigramas que contenían mas información que la que los propios militantes poseían (v.fs. 116/118 de autos).

Según los dichos de Geuna, lo agente civiles de inteligencia Lujan – fallecido - y Lardone eran los segundos de Acosta (v.fs. 266). En este sentido, Iriondo aseveró…” en el año 1977 el “Rulo” Acosta era el Jefe de la Perla y otros que allí estaban era Manzanelli, Vega, un personal civil Lujan y Lardone “Fogonazo”…” –entre otros - como las personas que operaban en ese centro de detención.

Teresa Meschiatti recuerda que Luís Manzanelli afirmaba que en la media hora del día en que se quedaba solo frente a sí mismo, recordaba todos los ojos de los torturados. Entre otras cosas, este represor también solía exteriorizar, con insólito orgullo, que “…por sus manos habían pasado todos los militantes de La Perla…” Además,“…había algunos como Luís Manzanelli que ponían en practica una miss en scene, antes de torturar se transformaba, su cara se endurecía y sus ojos se ponían fijos (asumía el rol)…” y “…todos sufrían las contradicciones de sus dobles vidas; afuera debían llevar una vida como los demás seres humanos, mientras que adentro y sobre todo en la cuadra, se sacaban la máscara y ejercían su verdadero rol, mostrando sus caras de secuestradores, torturadores y asesinos…”

Resulta ratificatorio lo expresado por Mónica Cristina Leunda puesto que, si bien no aportó los nombres de los actores en La Perla durante su cautiverio, al recordar el personal que allí se desempeñaba por el mes de noviembre de 1977, indicó que a uno lo apodaban “Fogo”, a otro “Vega” y a otro “HB”. Por las pruebas de autos a quien se refirió no son otros que Lardone, Vega y Díaz.(v.fs.896/898).

También Piero Di Monte relató que Manzanelli realizaba, indistintamente, tareas de secuestros, interrogatorio y tortura, teniendo en su haber muchas víctimas. Por otra parte, Carlos Alberto Vega, entre otras cosas, “…participaba en los interrogatorios, en los operativos de secuestro, en las acciones psicológicas de masa…” (fs. 326/7).



Para culminar, solo resta transcribir algunas partes de dos textos sin fecha que fueron secuestrados en oportunidad de realizarse un allanamiento en el domicilio del procesado Luis Manzanelli. Este material pretende que su/s poseedor/es, ante las imputaciones que están siendo pasibles por los criminales hechos cometidos por el terrorismo de estado durante en última dictadura militar, demuestren coherencia y coincidencia en oportunidad de realizar sus respectivos descargos. Este instructivo para la impunidad sugiere “…SEñALAR QUE FUE UNA GUERRA Y QUE SE OPERó EN CONSECUENCIA…” y que “…en toda guerra (como una ley de la guerra), existen franjas o espacios ocultos, creadas por los mismos beligerantes, donde se violan los acuerdos de la Convención de Ginebra, esto, en todas las guerras…”. Entre los argumentos exculpatorios, se enuncia “NO CONCURRENCIA DIARIA AL LRD… esporádica, una vez por semana a lo sumo…” y con respecto a las “TAREAS QUE EFECTIVAMENTE REALIZABA EL PERSONAL DE INTELIGENCIA” el punto indica “…relaciones públicas, contactos gremiales, empresariales, políticos, con fuerzas de seguridad. Se trataba de un gobierno militar y tenía la necesidad de información. Se confeccionaban informes de situación, particulares y generales…”. Más asombrosos aún resulta cuando se refiere a las “RESPONSABILIDADES” puesto que allí se señala “…volcarlas sobre muertos. TEJEDA, especialista en el Orden de Batalla (murió en Set 76), MOLINA muere en Jul 76 interrogador e investigador, RIGHETTI muere en Ago 76 investigador, Subop Pr. HIPOLITO BARRERA orden de batalla y analista de documentos, Cnl BOLASINI Jefe 1975’1976…”. En lo concerniente a las RESPONSABILIDADES DEL DESTACAMENTO DE INTELIGENCIA 141 EN EL LRD LA PERLA, el texto indica “…ninguna trabajos investigativos de inteligencia (Interr, exp. doc, análisis doc)…”. Sobre los Lugares de Reunión de Detenidos se dice que dependían del área 311 y los custodiaba Gendarmería Nacional. Respecto a “ENTERRAMIENTOS DE GUERRILLEROS” el texto indica “…los muertos en combate, luego de la morgue habrían sido llevados a San Vicente, no sabemos… otras la misma guerrilla los enterraba para no entregarlos a las fuerzas del orden…también tenían detenidos propios...no tenían marbete y por ende, no se conocía su real identidad, muy dificultada por ello y por el empleo de nombres de guerra…”. En lo concerniente a los TRASLADOS de los detenidos, el escrito indica “…venían en caminones de los elementos de la Guarnición (verdes), con personal de los mismo…se los pedía a la guardia de la Gendarmería Nacional y éstos se los entregaban…nunca se sabía a dónde los llevaban, pero en muchos casos luego se tenía conocimiento que estaban en La Rivera o Unidad Penitenciaria de Barrio San Martin…”. Sobre los MUERTOS EN “ENFRENTAMIENTOS” se dijo: “…en la ciudad de Córdoba y alrededores hubo 70 u 80 enfrentamientos entre el 1976 y 1977…algunos pudieron ser identificados…otros, por el encubrimiento de identidad que tenían, documentos y nombres falsos se los trasladaba al Hosp. Mil y luego eran derivados a las morgues. Muchos fueron enterrados a llevados al Cementerio de San Vicente…¿su número? Más de 100…”.(el resalto pertenece a la suscripta). En cuanto a la “MISIóN DEL SUBOFICIAL Y DEL EMPLEADO CIVIL” se señala que “…es un auxiliar del mando y no tiene asignada ninguna capacidad de decisión, ni en lo más mínimo. Tiene siempre como dependencia a un oficial y sus actividades son controladas en forma directa por un oficial. Por lo tanto el suboficial o el empleado civil no tienen responsabilidad alguna…el empleado civil cumple misiones totalmente secundarias…”. En su punto final, y como pauta estratégica de defensa, se indica “…b. tratar de decir lo menos posible; c. Emplear el NO ME ACUERDO ..., NO ME CONSTA; d. Nuestro accionar comienza en LA PERLA LRD desde el 24 Mar 76; e. No mencionar por ende LA RIVERA antes de esa fecha; f. Enlodar lo mas posible a los conocidos “colaboradores”, darles el máximo de protagonismo…” que “se dieron vuelta”, que “inmediatamente se prestaron a colaborar”- lo mas posible, darles el máximo protagonismo” atribuyéndoles haber logrado gracias a su colaboración “la mayoría de la información que permitió la desarticulación de las bandas de delincuentes terroristas ...”, en relación a los cuales se explicita “su aporte fue significativo en el accionar de las Fuerzas Armadas, conocían casas, escondites, modus operandi, rostros, etc. ... pasándose al lado de los investigadores sin ningún problema. ... En muchos de los diecisiete casos (en clara alusión a diecisiete detenidos de La Perla que fueron dejados en libertad luego de permanecer allí alojados entre uno y dos años), daban más de lo que se les pedía, confeccionaban archivos, la base de datos era prácticamente de ellos, ... entraban y salían de la cuadra sin inconveniente, tenían francos los sábados y domingos, salían, a veces y de acuerdo a la confianza que inspiraran, hasta armados, para realizar su tarea de marcadores en lugares públicos, vehículos públicos, controles en ruta y accesos, puentes y edificios públicos, ... no tenían problema en marcar a sus compañeros de guerrilla y facilitar la mayor cantidad de datos para la búsqueda de escondites…”. También, con el palmario objetivo de restar credibilidad y desacreditar sus testimonios, el texto indica los nombres de los “principales colaboradores” incluyendo a Suzzara, Callizo, Meschiati, Geuna, Contepomi, Puesto y Di Monte. (v.fs.785/793).

Así las cosas, cabe afirmar que nada tienen que ver estas “sugeridas afirmaciones” con lo que realmente aconteció en la represión a la subversión. En efecto, si se contrapone este texto con todo el material obrante en autos, de ello surge, de manera evidente, que los argumentos y explicaciones del material antes trascripto sólo constituyen macabros instructivos para que Luciano Benjamín MENENDEZ, Hermes Oscar RODRIGUEZ, Jorge Exequiel ACOSTA, Luís Alberto MANZANELLI, Carlos Alberto VEGA, Carlos Alberto DIAZ, Oreste Valentín PADOVAN, Ricardo Alberto Ramón LARDONE - y otros represores que hayan participado en el Genocidio de la última dictadura militar argentina- sostengan una “ficticia versión de los hechos” que no sea susceptible quedar al descubierto por existir contradicciones en su justificación.

Además, con este texto se termina de cumplir lo que se ha llamado como el “indicio de actitud sospechosa” asumida por los sindicados como responsables de los delitos una vez practicadas las maniobras delictivas relatadas en el Punto III del presente requerimiento. Según Gorphe “...del comportamiento posterior al delito por parte del inculpado (palabras, actos o simples actitudes) se puede inferir que el sujeto tiene algo que reprocharse relacionado con el delito...” (Francois Gorphe “L´ appréciation des preuves en justice”, Ed. La Ley, 1967, págs. 345 y subsiguientes).

En este mismo orden de cosas, corresponde afirmar que los procesados en estas actuaciones funcionaron como diferentes eslabones de un plan sistemático pergeñado para cometer delitos de lesa humanidad, siempre dirigidos por el Comandante del Tercer Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez y apoyados por el aparato logístico del Estado. Bajo estas favorables circunstancias, estos y los demás actores de la contrinsurgencia, realizaron todas las acciones que les posibilitaron el ocultamiento de cualquier tipo de vestigio que permita esclarecer los hechos en cuestión con el único propósito de alejar de la justicia la verdad real de los hechos y la posibilidad de que la misma sea ventilada ante los tribunales. Se trató entonces, de un ramillaje humano grupal, plurisubjetivo, gobernado por ideales uniformes, que al ser armonizados por la cabeza del Tercer Cuerpo del Ejército, encararon roles y competencias diversas que en conjunto propulsaron la ejecución del “plan sistemático de exterminio” nunca visto en la República Argentina que, entre otros miles, tuvo como víctimas a cuatro militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores cuyos nombres fueron Humberto Horacio Brandalisis, Carlos Enrique Lajas, Hilda Flora Palacios y Raúl Osvaldo Cardozo.




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